Leganés

II Edición

 

Sábado 10 de Noviembre de 2018

de 19:00 a 21:00 horas

Teatro Julián Besteiro de Leganés

 

AQUÍ ESTÁN TODOS LOS TEXTOS PARTICIPANTES

(junto a la nota media):

Ganadora deAutores del catálogo

SALTO

Alicia San Miguel

8´73

 

 

Aquí estoy, con la respiración agitada, intentando decidir si saltar o no al vacío. El sol me impide ver con claridad, pero puedo escuchar la furia del mar golpeando las rocas, como si me llamase impaciente, inquieto o deseoso por engullir mi cuerpo entre su espuma, mientras me golpea contra la pétrea pared. Inhalo una bocanada de aire y miro mis pies, que temblorosos, obligo a estar al borde de una línea que tan solo yo decido si traspasar o no. Exhalo, y me deshincho de nuevo, tratando de recopilar las razones que me han llevado a estar aquí y ahora.

A veces la vida da giros inesperados, y todos esos sueños y pretensiones por las peleábamos se van desvaneciendo frente a ti sin apenas darnos cuenta. Lo que está bien, lo que está mal, lo correcto o lo incorrecto, llena la boca de todos aquellos que intentan guiarte en tu vida sin pensar, que poco a poco te van apagando.

Yo tenía sueños.

Durante un tiempo quería volar, ser libre y conseguir llegar donde siempre me había imaginado y deseado. Quería ser yo misma y luchar por ello. Mis ideas, mis convicciones, mi vida, mi felicidad. Pero al final, las cosas no ocurren como las planeas en tu cabeza.

Viajé, conocí gente, me embriagué de su cultura, leí y escribí hasta llegar a convertirme en cada uno de mis personajes y vivirlos al máximo, lloré por amor y me enamoré de nuevo, grité y suspiré por cada lugar que me hacía soñar y sentirme valiente y dichosa, dejé que mi corazón latiese fuerte por una caricia, un beso o un simple gesto que me llenase por dentro, viví… cada instante.

Viví…

Al final es uno mismo el que elige como continuar su vida. Lo que no sabemos, es si la elección es correcta o no.

Llega un momento clave en el que te enamoras de verdad, encuentras a la persona perfecta para compartir tu vida y tus experiencias. Al principio cada uno sigue con sus hobbies y sus gustos.

Solo al principio…

La gente te aconseja, te muestra el patrón correcto a seguir en la sociedad, te invita a que te conviertas en esa rata de laboratorio a la que manipulan a su antojo y que sin darse cuenta se va alejando de ella misma.

Los años pasan entre la hipoteca, el coche, los hijos, un trabajo que tan solo te da una estabilidad, y el tiempo, a veces escaso, que buscas para disfrutar y reencontrarte de vez en cuando. Tu vida ha cambiado y si miras atrás, no tienes ni puta idea de cómo has llegado hasta ahí.

Adoras a tu pareja, tus hijos son tu vida, tu familia, tus amigos, todos son importantes para ti. ¿Pero y tú? ¿Alguien se ha planteado como te sientes? ¿Qué es lo que necesitas? ¿Qué te apetece? ¿Eres feliz? No… Se supone que lo tienes todo… marido, hijos, casa, coche,… Todo.

Y ahora estoy aquí, respirando profundo e intentando no hacer una estupidez. Porque yo quería volar, pero yo misma corte mis alas y me dejé de lado, me olvidé de mí. Me saturé a mí misma con lo que debía ser y no con lo que yo realmente quería. Me amoldé a la horma marcada y arrinconé mis sueños que ahora duermen llenos de polvo en algún lugar de mi corazón.

Miro hacia el mar y con una leve sonrisa doy un paso atrás.

Al fin y al cabo, lo que hoy siento, lo he podido escribir…

 

 

AGUSTIAS

Adolfo Pascual

6´38

 

 

Hace noches que no duermo, apenas cierro los ojos, vuelves insistente a apoderarte de mi mente y ultrajarme psicológicamente por toda la noche.

A veces así es, sí, lo consigues y al alba me levanto con amplias ojeras y escaso ánimo para afrontar la nueva jornada.

Eres cruel, no me das tregua y yo…, yo me siento incapaz de enfrentarme a ti como debiera.

Hace meses que me tienes cogida la medida que, en esta guerra cruenta, los bandos son muy desiguales, lo sabes y eso durante días me ha mantenido noqueado.

Hoy me he levantado muy débil, apenas mis piernas me responden, mi mente está inmersa en una nebulosa, pero por segundos, tal vez por decimas de segundos, un rayo de luz ha conseguido entrar en ella.

Saco fuerzas para prepararme un café intenso, su olor se expande por toda la cocina, dándome los primeros segundos de lucidez. Poco a poco ese miedo que me atenaza y me hace inferior en condiciones a ti, se va desvaneciendo, siento respeto, mucho respeto, pero miedo ya no, has dejado de ser el niño abusón que marcó mi infancia, ahora eres simplemente un rival, un rival al que debo de enfrentarme y para ello, solo será necesario una buena estrategia.

Doy el primer sorbo al café, el amargo sabor corre por mi esófago, a mi cerebro llega la primera señal de excitación, y por fin llega esa luz, que durante tantas hora he añorado, esa luz que me indica en principio el camino de una manera confusa, pero más tarde es una señal inequívoca mostrando el camino a seguir.

He estado secuestrado durante algunos días, el miedo me ha paralizado, pero ahora sé que la batalla no está perdida, que te puedo hacer frente y en ese cara a cara, soy consciente de que en este momento, con la lucidez que estos sorbos de café me da, tengo muchas posibilidades de salir airoso, y por fin plantarte cara, ser iguales en esa lucha sin tregua que me atenaza duranta los últimos días y sí, por qué no, salir victorioso de la batalla y poder seguir con mi existencia sin esta angustia que me atenaza y me noquera permanentemente.

 

 

AL OTRO LADO

Dra Mónica Molner

6´39

 

 

Dedicado a todos los que desde el lado oscuro se dedican a tirar basura por el mundo para ensuciarlo un poquito más: machirulos, tristes ignorantes, mentirosos, calumniadores, medios de “provocación”, tele-basura con todos sus ingredientes y a las personas que se llevan cosas que no les pertenecen.

En el lado oscuro se había fundido la bombilla y nadie sabía cambiarla. Allá andaba Dart Vather intentando encontrar el fusible con la tenue luz rojiza de su láser caducado. A los dictadores sin escrúpulos tampoco les quedaban cerillas porque ya las gastaron quemando vidas. Sus predecesores, los Inquisidores, nunca habían visto la luz, así que era imposible que la echaran de menos. En el rincón más oscuro: violadores, narcos, pederastas y asesinos amargados por la ausencia de luz que no sabían por dónde buscar. El alambre de la bombilla había sido destrozado por un grupo de oscuros que querían imponer la luz de su foco, algo que nadie se planteó así que ni se investigó.

Mientras tanto, Galileo debatía con Ipatia y Copérnico los resultados de sus cálculos para invertir la luz de onda, resultaban inversamente proporcionales a los que habían obtenido Stephen Hawking con el trío de las geniales Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson. En la Asamblea de la luz, Hannemann planteó crear un gránulo centesimal del gran Sol que, se unía a la causa cediendo su calor para provocar de nuevo un Big Ban que devolvería la luz al lado oscuro. Luke Skywalker subió el volumen de su radio para parar este caos de “iluminattis”, llenando el espacio de Aerosmith con I don.t want to miss a thing. Aprovechando el silencio creado por la sorpresa recordó a todos como Colon y Ragnar Lothbrok subieron a sus naves a buscar en el otro lado asumiendo que en su trayecto podrían ser atacados por los monstruos marinos, y la curiosidad les regaló nuevos mundos.

Anclarse en un lado sin imaginar cómo se vive en el otro, puede conllevar una monótona vida sin contrastes. Las mentes analíticas que dejaron de contemplar y de escuchar, se perdieron nuevos horizontes de verdad y quedaron en oscuridad, ignorantes de ellos, pensando que vivían en la luz.

Poner la otra mejilla dejó de ser rentable cuando apareció en escena el Barón Ashler. Siempre habrá quién tenga el sol delante y siga siendo incapaz de ver con claridad, así que aunque lluevan antorchas encendidas el planeta oscuro no prenderá y sus habitantes seguirán frotando ramitas para prender una chispa que nunca verán brillar.

Y como cualquiera puede pasearse por el lado oscuro de vez en cuando, dedico mi creación a la ladrona de las chanclas de mi hija y mi suavizante, espero que le entre en el ojo para que se le vaya la luz un ratito mientras disfruta de su baño.

 

 

EL DESORDEN

María José Rodríguez

6´99

 

 

La mosca pasó zumbando al lado de la máquina de escribir, y se posó sobre unos folios blancos que se hallaban perfectamente apilados a la izquierda de la mesa. Los exploró un momento y decidió continuar su camino pasando de un lápiz a otro y a otro más, alineados y de exactamente el mismo tamaño, con las puntas bien afiladas marcando el norte. Terminó en la goma de borrar limpia y aparentemente sin usar. Sintió un golpeteo a su izquierda y se dirigió hacia el baño, donde una bella mujer con el rostro crispado desenvolvía docenas de jabones que se hallaban guardados en un armario- limpio, liso, brillante-, situado sobre un lavabo inmaculado y vacío de objetos. El insecto se posó en su hombro, pues donde hay humanos hay comida, pero aunque exploró entre los rizos del pelo, sorteando los adornos de plata vieja y turquesa de la nuca, y voló entre los efluvios de una colonia con olor a bebé hacia los destellos de las tachuelas de su chaqueta vaquera, no encontró ni una sola migaja. Y la mujer, sin percatarse de la exploración a la que se hallaba sometida, continuaba desenvolviendo jabones con rabia, decenas, veintenas, cientos de jabones que quedaron desperdigados - junto con sus envolturas - por todo el suelo del baño. La mosca, viendo que la mujer se disponía a abrir uno de los muchos botes de espuma de afeitar que se apilaban en otro armario, ordenados como soldados en un desfile, decidió hacer mutis y dirigirse a la cocina.

Roberto había cerrado la puerta de su despacho tres veces, pero no pudo evitar volver sobre sus pasos antes de coger el ascensor y comprobar la puerta de nuevo. Tras esto se sintió seguro. Cogió el IPhone y, mientras se dirigía hacia el aparcamiento privado del despacho de abogados, habló con su secretaria. Por fin se decidía a hacer aquello que llevaba tanto tiempo en su cabeza.

-Graciela, comunique al encargado de mantenimiento que vamos a cambiar el suelo del despacho. Pondremos vinilo. No me gustan esas rayas.

Roberto puso la llave en la cerradura y la giró, tres veces. Tres era el número mágico. Empujó la puerta e inmediatamente escuchó ruidos dentro de su casa. Aún era pronto para que Marta llegara del trabajo, así que se alarmó y avanzó con cuidado. Entonces las vió: un batiburrillo de líneas dibujadas con rotulador en su parquet, justo enfrente del baño. Y a Marta saliendo de él, con un bote de espuma de afeitar apuntando a su grabado de Miró, en actitud desafiante.

-¡Venga Roberto! ¡Písalas!

El hombre maldijo y trató de acercarse a Marta para alejarla del carísimo grabado. Pero delante de él estaban las líneas que sus múltiples y pintorescas manías no le permitían pisar.

-No pienso soportar una nueva obsesión más. Písalas o te quedas sin grabado.

Marta parecía decidida a hacerlo. Y bien sabía él que a ella no le iban los faroles. De pronto recordó que no había cerrado la puerta y volvió sobre sus pasos. Quién le mandaría a él liarse con una mujer. Uno, dos, tres. Listo. Cerrojo en orden. Al volver de nuevo hacia el baño, vió a Marta frente a él y recordó cómo ella había desordenado su vida, y le había dado algo que estaba decidido a no perder. Pero paradójicamente, para no perder ese sentimiento había vuelto a recopilar toda clase de comportamientos supersticiosos.

La mujer destapó el bote de espuma como quien destapa una botella de champán.

-Por nosotros.

Roberto se decidió y echó a correr hacia delante, con los ojos cerrados, dispuesto a pisar lo que fuera por Marta. Incluso a sí mismo.

 

 

ALMA VIEJA

Elisabeth Deveraux

5,81

 

 

Observo mi reflejo en tus ojos y me maravillo de todos los matices brumosos semi ocultos, por el sombreado cañizo y la espesura de tu cabello. Plata liquida efervescente y a la vez sereno lago de profundidades ocultas. Reminiscencia de antepasados, con impronta de guerrero, declaras con la frescura del rocío de la mañana, que no admites vasallaje ni rindes cuentas a señor alguno. Naces y renaces de un vientre joven pero tu fuego es antiguo como el tiempo. No esperas nada porque tu conocimiento fraguado en la forja eterna, te dice que hacerlo es un craso error sólo cometido por locos insensatos que la vida agria, mecidos entre constantes lamentos de miradas vacías, necesitados de culpables para que el peso de sus decisiones, compartan con sus débiles hombros que se doblan ante el peso de la vida, como un junco de la rivera. No, tú no esperas pero la fuerza de tu mirada, avergüenza al canalla y al hipócrita lo enrojece, recordándoles la bajeza de su cuna. Tú que no sabiéndolo todo conoces las flaquezas, reposas tranquila entre la bruma de pensamientos pecaminosos y envidias esquineras. Tú qué haces palanca entre el pueblo y el yugo opresor, insuflas consuelo al necesitado, en un paraje yermo y estéril, convirtiendo los sueños en posibles. Nada necesitas de la cochambrería consumista que corroe con fervor leproso, al que contrae ese hambre que nunca se sacia. Tú te alimentas de valores que no pueden ser mercadeados. Abanderada entre plegarias al viento y anhelos del alma. Eres el abono necesario para que germinen plumas donde después, habitaran alas. La mano mercenaria del hombre, no puede sustraerse a la necesidad de corromperte, ignorantes de lo baldío de su empresa. Te rehúyen necesitados de olvidarse de tu existencia, revolcándose en sus miserias, odiándote con ponzoñosa mezquindad. Nada tienes que hacer para granjearte su odio, aun cuando no pueden vislumbrar el futuro si tú no estás. Saben que sus discursos resbalan por tu persona, como agua clara entre las piedras de un rio, y en sus reflejos cristalinos el espejo de la vida, muestra sin piedad los agujeros de sus almas, como camisas raídas. Tontos aquellos que hacen de su deseo enfervorizado, la tarea de emularlos, olvidando sus orígenes e ignorando el reconcomio de sus entrañas, comprando sus mentiras de la tierra prometida. Jamás pisaran ese trozo de cielo, porque no hay paraíso en venta. No. Ya lo sabes y es por eso que por saberlo, nada dices. Cuando la sabiduría se señorea en tu mayestática figura, no hay discurso ni sarta ni retahíla, ni argumento, letanía, arenga u oración. Porque la ignorancia es de los tontos que discuten sin conocimiento, la arrogancia de los débiles de corazón, la prepotencia de gente sin alma les espolea como pollo sin cabeza, quimera necesaria para subsistir si no te tienen. Y dicen de sí mismos, que son ellos y no otros, los que lo saben todo. Y tú los miras con una sempiterna sonrisa que apenas se atisba en la comisura de tus labios, recuerdo inconmensurable de algún Leonardo, y con lento caminar, aun cuando tu grácil figura apenas necesite movimiento humano, te acercas sin despegar tus hermosa e irisada mirada divina en su majestuosidad, de sus pupilas dilatadas y con la más ínfima de las caricias, rozas sus rostros macilentos, de aquellos que te denostaron, relajando el rictus severo de sus lívidas bocas, rompiendo a llorar cuan niños de pecho, ante el más

tibio contacto, abrumados por la miríada de sentimientos que sobrecoge sus corazones, estallando dentro de sí cual orgía de colores cálidos y cegadores, derritiendo por un momento sus corazas oxidadas, premiándoles por un eterno segundo, sin ser merecedores de ello, con la capacidad de verte; porque sólo aquellos que saben quién eres, pueden reconocer sus carencias. Alma vieja y errante, vientre del universo, copa del destino, amiga del señor del tiempo. Tú y siempre tú, eterna huidiza al alcance de la mano. Plegaria entre murmullos, aliento del desamparado, sin ti simplemente no hay mañana ni futuro ni destino, ni capa ni sayo. Esa eres tú…Esperanza.

 

 

CAJAS OSCURAS

M. A. Álvarez

6´56

 

 

Nunca me había pasado algo tan difícil de creer. La idea de que aquella amenaza se cumpla me aterra día y noche...

Ya han pasado varios años desde que comencé mi trabajo como Community Manager, gestionando las redes sociales de profesionales y empresas. Debo confesar que este oficio me ha hecho descubrir cuán necesaria resulta ser la presencia online actualmente. Es, cuanto menos, inquietante pensar que no estar en las redes sociales es casi sinónimo de invisibilidad. Y creo que esto es algo que, ahora, todos sabemos. «Todos lo sabemos» me repetía con normalidad, hasta que tuve la certeza de que el concepto “Todos” iba mucho más allá de lo que mi imaginación era capaz de asimilar.

Hará unos meses, un cliente contactó conmigo para contratar mis servicios. Entonces acordamos que yo debía anunciar sus productos en sus propias redes sociales con cierta frecuencia. Comencé a recibir en mi correo electrónico imágenes de dichos productos, estando cada una de ellas acompañadas con su título, conformado por una sucesión de números y letras, y la fecha en que debían ser publicadas. Hasta aquí, todo parecía normal. No obstante, la extrañeza estaba en que todas las imágenes eran muy similares y repetitivas: cajas oscuras, cerradas, y fotografiadas desde el mismo ángulo.

Al principio, me limité a exponer las fotografías con sus respectivos títulos. Ningún otro texto o número, exceptuando el coste, debía aparecer. Sin embargo, a medida que publicaba esas imágenes, más despertaba en mí una inevitable obsesión. ¿Qué contenían estas cajas para que fueran vendidas a precios tan elevados? Revisé las redes, buscando más información sobre la identidad del cliente, me propuse saber más. Pero los datos proporcionados eran muy escasos. Las páginas apenas tenían seguidores, aunque con cierta asiduidad aparecía un comentario bajo alguna imagen publicada. Estas respuestas no eran más que símbolos del teclado como % $ & o *, sin un orden o un significado aparente.

La curiosidad me embriagó hasta tal punto que le pregunté al cliente por el contenido de las cajas y, para mi sorpresa, me ofreció una como regalo. Acepté. No tardé en recibir mi caja oscura en casa. La desembalé. La observé. La sostuve. No pesaba. ¿Acaso la caja estaba vacía? La abrí y tal y como me temía, no encontré nada.

No le di más importancia por el momento. Hasta que, la mañana siguiente, al despertar, reparé en algo: Tenía unos caracteres escritos en la palma de mi mano derecha. Me sobresalté al comprobar que se trataba de una sucesión de letras y números aleatorias, como los títulos de las imágenes de las cajas. Me lavé las manos varias veces, los caracteres no se borraban. Además, durante la noche, había recibido un correo con el siguiente mensaje, cuya lectura me produjo un escalofrío estremecedor:

«Gracias por aceptar nuestro regalo. Una vez abierta su caja, se le ha asignado su código. Acudiremos en breve a su domicilio para retirar su alma e introducirla en la misma. Desde lo más profundo de las tinieblas, agradecemos este generoso intercambio».

Respondí diciendo que quería devolver la caja. El número de teléfono no estaba operativo. Escribí decenas de correos, pero la respuesta siempre era la misma:

«Nos alegra comunicarle que, una vez abierta la caja, no es posible su devolución».

 

 

 

CAMINOS SECOS

Ricardo Gª Aranda Rojas

5´94

 

(I)Sequía

 

En la Mancha

las gotas de lluvia

son lágrimas

de emoción contenida.

 

Ha de aburrirse la tierra

del silencio seco de su aire,

no respiran sus parras

ni suspiran sus olivos

por no gastar

el escaso líquido de su sangre.

 

(II) Son blancos los Caminos

 

Con la luna llena

los caminos son blancos

y los bordes de los montes

se ven nítidos, claros,

en siluetas rectas.

A veces la luna

nos da la luz plena,

perfecta.

 

Más nítidos y más blancos

que los del espíritu

de quien necesita andar

por caminos de luna llena:

no se ilumina así por dentro,

tarda.

 

Necesita algo más que una luna

siquiera para algo esencial:

vivir, respirar, soñar.

Y esa maldita memoria

guarda.

 

 

LA GAVIOTA

Rubén Hernández

6´32

 

Por última vez contemplaba la gaviota

los enamorados que habitaban su banco,

era octubre, el mar agitaba las olas,

y ya el otoño olvidaba el verano.

 

Migró al alba, y llevó su vuelo a nuevas rocas,

y sus alas blancas hasta otro banco encalado,

Y como yo tampoco distinguiría entre dos gaviotas,

ella, tampoco distinguió los dos nuevos enamorados.

 

Y se vio absorta pensando que quizá no había viajado.

 

Siguió su vuelo, y otra pareja y otras rocas,

y otro banco encalado.

Y se vio absorta  pensando que quizá no había viajado.

 

Y decidió regresar a su roca, a su banco encalado,

al abrazo añil de su verano lejano.

Y al ver a sus amantes yermos,

entre caricias rotas y errantes vientos,

pensó que quizá todos somos viajeros,

pera tal vez el único viaje es el tiempo.

 

 

ALGO EN EL FONDO

Andrés Pinar

6´04

 

Cuando logro deshacerme temprano de la pereza de los sueños olvidados, que no me dejan, que tiran de mí con una enorme fuerza, madrugo, aún de noche  y salgo al campo al abrigo de los árboles. Ando deprisa, desespero, quiero encontrar en la soledad, enhiesta de tinieblas, una esencia que no sé si existe. Creo que sí, porque de otra forma  no podría ser. Tiene que haber algo en el fondo, debajo de todo: de la lucha entre los egoísmos de cada uno; de las ambiciones desmedidas; de los odios y envidias; de la absurda vida de mentiras defensivas para protegerse de los demás; de huir de todo lo que puede obstaculizar el bienestar. Comprendo el derecho a pelear por el placer a ultranza, pero no puedo creer que eso sea todo. Por eso busco, busco, tiene que estar por aquí, en el bosque solitario, donde no llega nada. Quizá sea un pensamiento iluminador, seguro que lo será. Aquí, en el silencio, solo hoyado por los pájaros, debe surgir un pensamiento luminoso,  o quizá un sentimiento que, colgado ente los árboles, se haga naturaleza conmigo y me guíe y esclarezca. Y eso explicará todo; habré logrado saber que existe. Si es que busco eso, porque no sé, tal vez lo que me falte sea la  huida a una cabaña irredenta, llena de fiebre de hojarasca de los caminos venida.

Al amanecer, sudoroso en la mañana de agosto, cuando el sol diluye el sueño, me siento insatisfecho por no haber encontrado la luz. Aunque arroja tanta luz, me calienta tanto, que me arropa. Y esa es la luz.

 

 

CUENTA LA LEYENDA

J. Fersán

6´66

 

Cuenta la leyenda que un grupo de valientes, entre los que se encontraba una joven de largos cabellos dorados, se sumió en la más atrevida de las travesías. Juntos, pero no revueltos, zarparon una soleada mañana del mes de septiembre desde el majestuoso puerto de Sevilla. Dejaron atrás sus bienes más preciados y sus familias, a las que no sabían si volverían a ver por la dificultad del empeño encomendado por uno de los más ambiciosos mecenas de la época.

            Navegaron y navegaron surcando las olas más embravecidas del océano Atlántico has dar buena cuenta del cabo de Hornos. Las provisiones fueron custodiadas por una marinera de armas tomar. No se dejaba sobornar por ninguno de los grumetes. Le ofrecieron trueques variopintos e incluso alguno quiso pagar en delicadas caricias algún bocado de más, o algún trago de más. Ella fue irreductible. No se dejó amedrentar ni por el más fiero de los motines cuando una noche de tormenta casi acaba con sus energías.

            Azahar, que así se llamaba la joven, llegó a un acuerdo con el capitán. Consistía en que el marinero que más páginas leyera de un libro que había traído consigo recibiría una ración doble de agua y un chupito de vino. De la comida no se pudo tratar porque precisaban estirar lo máximo su existencia. Todas las mañanas y todas las tardes, un par de voluntarios comenzaban a leer en voz alta y toda la tripulación prestaba atención. Una vez que las fuerzas flaqueaban y el lector dejaba la novela sobre uno de las barricas de la bodega, se procedía a contabilizar las páginas, renglones y palabras que había acumulado. Acto seguido, se anotaba en una de las paredes del navío. Con tiza blanca.

            Por el libro pasaron casi todos los marineros, salvo uno. Azahar quiso que todos y cada uno de ellos se prestase a la lectura, pero el obstinado tripulante no cedía a sus súplicas. Muchos de los que ya habían pasado por las páginas del libro intentaron dar premio a los que leyeron voluntariosos. Pero la joven les convencía noche tras noche para que, con buenas palabras, animaran al restante.

            Una mañana, este se levantó con el ánimo suficiente como para acoger entre sus dedos el libro. Leyó y leyó. Leyó y leyó. Sus compañeros prestaron atención hasta que su camarada llegó a la última página. Muchos quisieron saber qué hubo escrito el autor de la novela, pero desde lo más alto del mástil mayor, el centinela gritó:

 

            -¡¡¡TIERRA!!! Hemos llegado a nuestro destino… ¡¡¡TIERRA!!!

 

 

EL CONDENADO ETERNO

José F. Sastre

4´73

 

 

            Cuentan las viejas comadres que antaño vivió un hombre que dedicaba a su vida a los demás, sin pensar en otra cosa que ayudar. Tal actitud no le reportaba más que desgracias y miserias, que iban poco a poco desgastando su cuerpo y su alma, hasta que en una ocasión, el diablo, que más conoce a los mortales que ellos mismos, se presentó ante él bajo la forma de una encantadora doncella para ofrecerle lo que siempre había ansiado, a cambio de estar con ella por siempre jamás.

            El hombre, como es natural, aceptó encantado el trato que la mujer le ofrecía: por fin sus esfuerzos eran recompensados y era correspondido con lo que siempre había buscado, un amor que creía puro y desinteresado.

            El tiempo pasaba, y las gentes del pueblo comenzaban a echar de menos al hombre que tanto los había apoyado en sus malos momentos, por lo que acudieron a él para ver si le sucedía algo; con un gozo exquisito, les contestó que si no se habían acordado de él más que para que los ayudara, ¿por qué pretendían ahora seguir reclamando sus servicios?

            El carácter del hombre fue volviéndose cada vez más duro, más sombrío, hasta que ya, de mayor, solo con la compañía de la doncella que le había entregado su amor, llegó el momento de que su alma partiera hacia su Señor.

            Con una gran carcajada, la mujer apartó la máscara de su rostro y se mostró ante él tal y como en verdad era, el gran tentador, el diablo que vagaba por el mundo en busca de ilusos a quienes comprar su alma a cambio de regalos que no eran tales.

            En vano trató el hombre de resistirse: cuando comprendió que estaba todo perdido y que sus esfuerzos sólo iban a conducirlo a las simas más profundas del infierno, miró a Satanás a los ojos y le espetó: “bien, ya que habéis triunfado en vuestro acuerdo, como siempre ha sido y siempre será, acepto mi destino. Dadme sólo el tiempo para reconciliarme con mi Dios”.

            El diablo no se tomó demasiado a bien las palabras del hombre: ¿reconciliarse con Aquél a quien había renunciado para conseguir un amor falso? No, ya no tenía escapatoria, Dios lo había repudiado y sólo Lucifer poseía su alma inmortal. Furioso, decretó que si bien había recibido un buen escarmiento por su necedad al confiar de tal manera en quienes no le apreciaban más que para les sirviera cuando lo necesitaban, quien había creído que el amor verdadero existe, ahora le correspondía un castigo acorde por su insolencia y su desfachatez al intentar paliar la condena a la que se veía abocado de manera irremisible, inexorable.

            Y así, desde entonces, tras un solemne entierro al que casi nadie del pueblo acudió más que como acto decoroso, el alma del hombre vaga por toda la eternidad entre las sombras, buscando a su amor perdido, a la doncella que jamás fue, a alguien que pueda liberarlo de su tormento eterno…

            Si alguna vez te cruzas con él, no pienses en que es una sombra, no pienses en que es un castigado, sino digno de piedad: yo no lo hice, y ahora puedo sentir su helor cuando la oscuridad se cierne sobre mí y me envuelve en su cálido y cómodo seno: me busca, me tienta, y a pesar de resistirme, temo que al final haya de caer en su maldición, y unirme a él en su mundo de tinieblas y dolor…

 

 

HAMBRE

J.E.M. Celeste

6´23

 

 

Al mirarlos siento como si una musculosa y entrenada mano estuviese oprimiendo con todas sus fuerzas mi pecho. Es doloroso. Casi insoportable, sin embargo aquí sigo. Viva. A pesar de las ganas de que tengo de morirme. No sería justo. No para ellos, mis hijos. He fracasado como madre, pero aunque no puedo darles nada para que se puedan llevar a la boca y calmar ese lastimoso quejido que sus hambrientos estómagos emiten, debo seguir a su lado. Verlos pasar hambre es lo más difícil que he vivido jamás, pero no puedo perder la esperanza. Quizás un día encuentre trabajo, quizás un alma caritativa nos ofrezca algo que enmudezca ese rugido, que con solo escucharlo me parte el corazón.

Los ojos de Julio se posan en mí. Él jamás me mira con tristeza, a pesar de todo el dolor que siente. Me sonríe, trato de corresponderle, pero no puedo. Ya no sé sonreír, solo llorar. Y como si todo mi abatido cuerpo hubiese escuchado mis pensamientos, las lágrimas empiezan a colmar la parte inferior de mis párpados. Intento disimilar, pero es imposible. Ya nada disfraza mi desolación. Mis labios empiezan a temblar, sin permitirme ni siquiera la opción de no hacerlo. Tienen vida propia. Hace mucho que todo mi cuerpo actúa sin mi permiso, y yo, ajena a todo, solo puedo resignarme y observar.

María y Julio corren hacia a mí. Saben qué me ocurre, a pesar de su corta edad, lo entienden todo. Y me envuelven en un abrazo, que me infunde una esperanza que hacía tiempo no experimentaba. Ellos son mi alegría y pienso luchar, con o sin energía, hasta conseguir alimentar a la famélica fiera que se ha apoderado de nuestras vidas.

 

 

MADRE

Daniel Velarde

5´73

 

Madre tierra, madre luna,

madre clara como el agua,

madre, como tú ninguna,

madre de dulce mirada,

donde se reposa el agua

con su transparencia pura,

si tuviera siete vidas

siempre a ti te elegiría.

 

Madre fuerte, luchadora,

tú, siempre valiente, madre,

siempre madre protectora

porque has sido madre y padre,

siempre luz entre las sombras,

siempre dándome tu sangre,

siempre tirando de todos

siempre ofreciéndome tu hombro.

 

Tienes bien ganado el cielo

todo fue una pesadilla

viviendo en el duro infierno

de tristeza revestida

y aquel sufrimiento eterno

que te quebró la sonrisa,

pero no pudo contigo

quien tu cruel enemigo.

 

Nadie como tú conoce

todo lo que yo he vivido,

lo que he luchado ni a donde

fue a parar lo que he sufrido,

solo tú lo sabes, porque

siempre has estado conmigo,

lleva erguida la cabeza,

que el pasado no regresa.

 

Ante todo, y ante todos,

tú, siempre me das la razón,

contra todo y cualquier modo,

eres tú mi protección,

contigo no he estado solo;

siempre dándome tu amor,

tú siempre me has hecho fuerte

y yo bendigo esa suerte.

 

Me has criado con esfuerzo

y es tanta mi devoción,

que a veces sin querer siento

mirando en mi corazón,

que no sé si te merezco,

por ser tan grande tu amor,

no me lo tengas en cuenta,

quiero verte así, contenta.

 

Para evitar mis caídas

y nadie me pueda dañar,

a esos monstruos de otros días,

has conseguido espantar,

esos monstruos que vivían

en mi oscura realidad,

y en mis momentos de dudas,

tú siempre has sido ternura.

 

En los inviernos más fríos

y en las noches más oscuras,

tus brazos fueron tan míos

que tus canciones de cuna

me salvaron del hastío,

madre, como tú ninguna,

tú sigues siendo mi hombro

y por eso aquí te nombro.

 

Eres la mujer más fuerte

la mujer más especial,

mi mayor suerte, es tenerte,

por ti me atrevo a luchar,

 

¿Cómo no voy a quererte

si me has enseñado a amar?

siempre te llevo en el alma

como una imagen grabada.

 

Tu amor es vínculo, madre

que el tiempo nunca destruye,

no nos separará nadie,

pues mi amor no disminuye,

solo aumenta como el aire,

tu calor siempre me influye,

madre, tú eres la mejor,

yo a tu lado, ¡Un soñador!

 

-Inexplicable como tú​ y lo que siento si me abrazas-

 

 

 

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Ganador de fuera del catálogo

EN BLANCO

Juan Anselmo de Andrés

7´91

 

La noche olía a muerte, como todas las noches que me tocaba ir a trabajar. Mi olfato ya se había hecho a oler las carnes putrefactas, a las ropas pegadas en las maderas de los féretros o a la tierra que sepulta las cajas donde están depositados los muertos. Ala fín y al cabo, la muerte es mi subsistencia, y no podía poner pegas por ello.

Tenía establecido modus operándi muy particular. Tdas las mañanas acudía a la iglesia de mi barrio para confesarme de los pecados que iba a cometer -era como reírme de Dios- y luego compraba el diario ABC para revisar en sus páginas intermedias las esquelas. Es decir, ver nombre y apellidos de los recientes fallecidos, así como realizar un análisis profundo de su estatus social. Esa misma mañana había dos botines muy jugosos: Don Rigoberto Mencía Sancho, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Catedrático de la Universidad Complutense, Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, Gran Cruz de Mérito Civil y otras distinciones, y Don Anselmo Dos Sicilias Alba, Gran Duque de Puñoenrostro, Hermano Mayor de la Orden del Temple de España y otras condecoraciones por méritos civiles. No dejaban de ser muertos, y posiblemente irían ataviados con sus mejores galas, con muchas medallas y condecoraciones que se llevarían consigo al otro mundo. Y ahí estaban mis ganancias, en sus distintivos metálicos o de algún metal precioso, para que luego, una vez acabada mi faena cotidiana, revendiera en el mercado negro.

La noche pintaba en bastos. Chuzos de punta desde las nueve de la noche. Para colmo, nada mas llegar al cementerio, se fueron las lunces de las farolas, por lo que localizar los nichos sería infinítamente más costoso. Introduje dos ganzúas en la cerradura metálica, y en menos de diez segundos ya estaba dentro del hotel de los muertos. Los caminos entre los nichos y sepulturas estaban anegados de barro. Caminé despacio para evitar resbalones y me dirigí hacia donde estaban los panteones, la zona noble de este parque temático. Ayudado por una linterna, busqué entre las estatuas y los pórticos de mármol los nombres que había anotado esta mañana.

De repente, un sonido seco, como si fuera el impacto de un mazo sobre una losa, rompió incluso el ruido de mis pisadas. Me escondí detrás de una estatua de unos tres metros de alta, y que parecía tener la forma de un ángel con sus alas estiradas, como presidiendo el lugar, vigilante. Una luz se podía vislumbrar procedente de un mausoleo, el cual había sido violentado sin mi permiso.

No podía ser.

Alguien estaba intentando dejarme sin trabajo. A mí, que llevaba siendo puntual a mis citas desde hacía más de diez años. Decidí acercarme a hurtadillas para ver primeramente a quien estaba espoliando sin mi permiso, y segundo, ver quien era el osado de estar en mi territorio laboral sin ni siquiera haberme pagado el canon correspondiente.

-¿Qué haces en mi territorio? -le dije.

No recibí ninguna contestación. El hombre estaba trabajando en lo suyo, como si no fuese esta guerra con él. Había sacado los huesos de al menos tres cadáveres y los estaba introduciendo en una bolsa de plástico de grandes dimensiones. Su atuendo era oscuro, llevaba guantes en las manos, y una máscara en la cara. Imagino que no estaba aún hecho al aroma que los muertos dejan cuando se les sacaba a dar un paseo.

-¿Qué haces en mi territorio? -le repetí.

El silencio fue su respuesta. Aunque esta vez giró la cabeza para que su mirada se cruzase con la mía, mientras cerraba con varios nudos la bolsa de plástico. Di un paso hacia adelante con la intención de acercarme al usurpador, y me di cuenta de que todo el suelo estaba cubierto de plásticos. Nada más dar un paso adelante, sonó un ruido, como si fuera el disparo de una escopeta. El usurpador se levantó, se dirigió a la zona donde mi cuerpo yacía muerto por el impacto de un cartucho en mi cabeza. Juntó las cuatro esquinas del plástico para que la sangre no saliera de este, e hizo un gran nudo. Detrás, de donde yo estaba, llegó un joven con un arcabuz en mano.

-Este hijo de puta ya no vaciará más tumbas. El monopolio es nuestro.

Me metieron en el hueco del nocho que había vaciado el usurpador previamente. Y cuando todo parecía qu mi inmortalidad sería la más absoluta de las soledades, el impostor, con el mismo mazo que había hecho el ruido que llamó mi atención, golpeó la cabeza del joven que pe pegó el disparo, cayendo al interior del nicho mientras su alma se perdía en la caída, para yacer el cuerpo a mi lado.

Se quitó los guantes y la máscara, se zafó de las ropas que llevaba, echándolas al interior del agujero y quedándose puesto con una sotana negra y un alzacuellos.

-Un hijo de puta que ya no confesará más atrocidades con los muertos y otro que no cometerá más asesinatos- dijo el cura mientras que con su mano derecha hacía el signo de la cruz, como bendiciendo nuestros cuerpos.

Sin lugar a dudas, aquella noche olía a muerte.

A la mía.

 

 

1-2

Unai García

5´25

 

Pues soy ominoso como

una lágrima nefasta

que cruza el semblante gélido

de, de légamo, una estatua

y, al desmaquillarla, deslíe

su fría tez embadurnada.

 

Aquella egregia criatura

surgida del polvo y agua

hacia el cielo solemne

cual bello ángel se levanta:

desde la tierra baldía

nace augusta la esperanza.

 

Quisieran poder volar

alas de sucia castaña

atravesando la cálida

y tan gozosa alborada,

acariciando con ellas

yo su bienaventuranza.

 

Mas a ese excelso milagro

mi vida habiendo como arma,

sin siquiera pretenderlo,

a surcos borro la cara;

lo destruyo y devuelvo su

cuerpo a la terrenal desgracia.

 

Triste soy García; aquésta,

mi ventura, me arrebatan

erigir deseos de gloria

y donan a mi alma infausta

de luctuoso hielo una mano

que marchita cuanto alcanza.

 

De ambrosia un pobre ramo,

que corona avergonzada

una bella rosa ardiente

que a mi tacto muere helada.

Ésta es mi fatal existencia,

reducir todo a nada.

2

Me escribo y me borro con frío desdén,

con rabia que amenaza esta hoja

quebrar.

Mas la rabia oculta tristeza al te ver

dejarme con un llanto lisonja.

 

LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR

Guadalupe Iglesias

5´75

 

Despacio, con una lentitud que le hacía arrastrar los pies como si le pesasen en demasía, acudió como lo venía haciendo últimamente a limpiar los aseos de su restaurante. Ella sabía que no era su trabajo, pero sí su obligación, cuando hubo que despedir a la última señora contratada a la que se le pudo pagar decentemente, sin tener que renunciar a otras fruslerías de las que nunca se había despojado.

La crisis económica le había llevado a renunciar a tantas cosas que había disfrutado en el pasado que en estos momentos tenía la sensación de no haber gozado nunca de ningún capricho, o al menos ya casi ni los recordaba. Sus manos se habían despedido de múltiples anillos y ya no lucían la manicura perfecta de antaño.

Con parsimonia y un puntito de desidia, bajó los escalones para adentrarse en el mundo tenebroso de unos baños que en otra época habían sido utilizados por clientes de rancio abolengo y que ahora estaban a disposición de una caterva de jóvenes siempre en el límite del alcohol, derramando sus vapores etílicos fuera de sitio, dejando el lugar como si de una batalla campal se tratase, en donde se hubieran cambiado las espadas por vasos rotos y efluvios varios.

De nada servía ahora pensar en lo sucedido hace algunos años, el enfrentamiento con su padre por no elegir el marido que tenían pensado para ella, la decisión de abandonar su casa con la seguridad que ésta le daba, el accidente de coche, sus efectos posteriores…

Tomó los guantes de látex, el bote de lejía con detergente y el estropajo y se dispuso a dejar aquello como los chorros del oro. No tenía prisa, pues aún quedaban unas cuantas horas para que los clientes incursionasen en el local. Pensó que no era para nada un buen inicio de semana, pero el hecho de ser ciega le ayudó muy mucho para no tener que observar algunos residuos, no precisamente radiactivos aunque sí tremendamente humanos.

Recordó que en su club de lectura para personas ciegas y deficientes visuales tenían en ese mes la lectura de “Otelo” y se dispuso a poner en marcha el audiolibro mientras enjabonaba los lavabos. Fue como recordar lo ocurrido en “La divina comedia” de Dante Alighieri donde el florentino visita junto a Beatriz el paraíso, el purgatorio y el infierno. En este último se sentía ella hasta que Otelo y Desdémona inician su relación amorosa y Yago pone en marcha sus insidias e injurias malintencionadas contra una angelical recién casada que acaba siendo estrangulada en manos de su esposo, un “celoso inducido” que remedia su mal suicidándose.

A medida que los hechos iban sucediéndose, su estropajo iba frotando con más fuerza y vigor, dejando el lugar brillante como una patena.

Dio las gracias a Shakespeare por tan magnífica obra, se quitó los guantes y de nuevo ascendió de los infiernos al anhelado paraíso que ella deseaba le estuviera esperando.

La luz del nuevo día que llegó con fuerza a su rostro cuando salió del restaurante, la energía vivificadora del sol matutino y el beso que sintió en los labios, le dieron la seguridad de que la vida merecía la pena y que, sin lugar a dudas, no se había equivocado en su elección…

 

 

VISITA

Alfonso Blanco

7´77

 

En Trascendencia nada es lo que parece. Los trascendidos son entes de largas piernas y sienes hundidas.  Se aparean con frecuencia sin placer, sin fijarse en si lo hacen con el otro sexo o con el suyo propio, aunque solo tienen orgasmos internos cuando piensan. Su horario de pensar coincide con auroras y atardeceres. Son los momentos sin palabras, de gemidos ahogados y sinuosos movimientos en calma. De noche hablan sin escucharse. De día meditan sin conclusiones, incluso lo hacen mientras se aparean.

 

Los niños trascendidos son redondos, como pelotas con granos. Ingieren el alimento con tubos hechos de bambú y son conducidos a la escuela rodando por los carriles  habilitados para ello, uno por calle, dos por avenida y un riel por camino del que cuelgan bolsas adaptadas para la ocasión.

 

Los trascendidos nunca dejan de caminar, incluso mientras comen, hablan, se aparean, meditan o llegan al orgasmo. Esas cinco actividades son toda su vida y quizá expliquen la compleja y rápida mutación que sufren en su adolescencia, cuando pasan de la redondez al estado adulto; un hecho que el gobierno trascendido prohíbe celebrar a pesar del deseo que sienten de hacerlo los padres trascendidos.

 

Las parejas trascendidas son circunstanciales, duran un máximo de diez apareamientos y pueden tener hasta cinco niños. Los trascendidos, tanto machos como hembras, que hayan procreado cinco niños y los hayan cuidado individualmente hasta llegar a la mutación, pasan a formar parte del gobierno trascendente, lo que les supone dejar de hablar, aparearse, meditar y llegar al orgasmo. Sus miembros solo comen, procuran alimento y vigilan que no se celebre de ninguna forma y en ningún caso la mutación, única ley escrita que rige la vida de los trascendidos.

 

Se cree que Transcendencia, una hembra legendaria o mitológica, nadie lo sabe, escribió La Ley antes de convertirse en la nube que nunca roza al sol ni a la luna en el cielo de los trascendidos y que alimenta con su lluvia, inconstante y frecuente, el lago que permite la humedad del país, el que riega los huertos que lo rodean y en el que viven los peces, unos filiformes, otros globulares, que sirven de alimento a los trascendidos, cuyos gobernantes los pescan con las manos en sus orillas mientras descansan de sus actividades como hortelanos.

 

Desde que visité Trascendencia mi vida ha cambiado mucho, mis sueños son extranjeros, la pasión se ha atemperado y siento un anhelo permanente que nada puede llenar ni mitigar. Soy incapaz de irme a vivir allí y no puedo superar el anhelo que aquella tierra y aquellos entes han sembrado en mí de una forma incomprensible y perdurable.

 

 

 

EL QUINQUÉ DE LA ABUELA

Rocío Prieto Valdivia

7´21

 

Llovía mucho, y los niños asustados se escondían bajo las cobijas. Afuera, los campos anegados de agua parecían una laguna, los árboles se estremecían con el fuerte viento. La casita de adobe empezó a caerse a pedazos. Y los adultos, asustados, corrían de un lado a otro, buscando a los niños en las habitaciones separadas.

En la orilla del camino la camioneta Ford, con las luces delanteras encendidas, alumbraba la gran casa de adobe a punto de caer. Las vacas mugían y sus cencerros se oían a lo lejos. Los niños varones corrieron al establo a refugiarse; el abuelo intentaba empacar un poco de despensa. Aurora, una de las niñas, no aparecía por ningún lado. Los gritos desesperados de su abuela, eran un lamento en esa escabrosa noche.

Las muchachas tapadas con sus cobijas también corrieron al establo; don Carlos, el ganadero, les ofreció un vaso de leche caliente. Los abuelos resignados veían su casa caerse y, abrazados, oraban por la pequeña Aurora.

Las horas pasaron y los dos ancianos se asomaban del estable, guarecidos bajo el olivo, y permanecían en espera de que la lluvia terminara. El viejo quinqué de la abuela se encendió dentro de los escombros de lo que aún quedada de la cocina. La abuela entonces corrió hacia la casa derrumbada. Empezó a musitar la melodía de la nana que en las noches de tormenta le cantaba a la pequeña Aurora, mientras juntas prendían aquel antiguo quinqué. La abuela le había dicho a la niña que el quinqué era mágico.

De entre las paredes y las grandes viguetas caídas, se escuchó el débil canto que a manera de respuesta entonaba la pequeña. El abuelo corrió a la casa. Con las pocas fuerzas que aún le quedaban, por la larga noche tormentosa, intentó quitar cada vigueta lo más rápido que pudo. Todo esfuerzo fue en vano. La niña murió de frio, abrazando a un oso de peluche en busca de calor. A su lado el quinqué de su abuela aún le iluminaba el rostro.

 

 

EGO

Francisco Rodríguez

7´10

 

Yo sé que no voy a encontrar a nadie como tú.

Tus ojos azules, tu pelo rubio,  tu sonrisa burlona….sé que todo ello es irrepetible;  tu altura la justa,  tu elegancia arrebatadora te hace absolutamente única.

El vestido nuevo te sienta fantástico, la verdad es que no hay otra como tú, pero las cosas son como son… hay un mundo ahí fuera que me está esperando lejos de esta habitación y fuera de la luna de este espejo.

 

 

MALDITO MARCO

Luís Iniesta

7´88

 

Mario abrió por primera vez aquel libro cuando apenas era un niño. Ahora con treinta y seis años encuentra sus páginas algo amarillas, sus ilustraciones le resultan menos impresionantes y la historia ha perdido su capacidad de sobrecogerle.
—¿Has acabado?—la voz es fría y denota una impaciencia que a él le saca de sus casillas.
—Sí, tranquila—dice devolviendo el libro a la estantería —. Pronto me habrás perdido de vista.
—Márchate. Me pones enferma.
<<Igual que tú a mí>> piensa Mario. Luego, en cambio, dice:
—Todo te pone enferma. Perdóname si no me siento especial por ello.
—¿Te crees muy gracioso? Si te oyera tu padre.
—Probablemente me aplaudiría— dice para sí mismo.
—¡Repite eso si tienes valor!—le increpa ella al límite de la histeria.
Mario no le contesta, no le da ese gusto. Con su maleta en la mano tiene que pasar al lado de aquella mujer, a la que hace años ya siente como una desconocida, para abandonar la casa donde ha crecido. Mientras avanza trata de recordar algún momento de felicidad compartido entre ambos.
Pero ya es tarde, la amargura con la que esa mujer lo emponzoña todo ha borrado cualquier rastro de dichos momentos, si es que existieron.
Cuando está pasando a su lado y sus cuerpos casi se tocan, un escalofrío recorre a Mario de pies a cabeza ¿Una premonición?
—Jo´puta—el huesudo puño se hunde en el plexo solar de Mario.
La maleta hace un ruido tremendo cuando Mario la suelta para llevarse las manos al torso.
Boquea angustiado tratando de coger aire mientras se dobla sobre sí mismo y cae de rodillas al suelo.
Aquel libro y el día en que lo abrió por primera vez vuelven a su mente.

El título: "De los Apeninos a los Andes".
—Maldito Marco—consigue articular él antes de perder la conciencia.

 

 

PASIÓN

Anónimo

6´35

 

Es un ramo escogido de doncellas,

en mitad de las damas un doncel,

destacando como un lindo mirabel

al compás de las músicas mas bellas

 

Con las musas girando entorno a ellas

con el bello erizándonos la piel

van bailando en continuo carrusel

al igual que baila el sol con las estrellas.

 

Quién pudiera se el vuelo de su falda

su abanico su zarcillo o pericón

y bailar en el rellano de su espalda

 

con el ritmo sempiterno de un danzón

por decir en el oído del que baila

no hay tristeza si se baila con pasión.

 

 

 

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Apuesta por la literatura emergente

Toda las obras a tu alcance por muy poco

COMPONENTES DEL CATÁLOGO:

 

 

J.E.M. Celeste

Fran Pahino

Ignacio León

Alicia San Miguel

Pierre Monteagudo

Ager Aguirre

Adolfo Pascual

Eduardo Acevedo

Tony Jiménez

Asun Blanco

Rubén de Íscar

Tamara López

Juanma de los Santos

Pedro Saugar

María José Rodríguez

Salva R. Moya

Toni Delgado

Isabel Albella

Daniel Velarde

Enrique E. de Nicolás

Elisabeth Deveraux

Andrés Pinar Godoy

Rubén Hernández

Gemma Herrero

Víctor M. Sanjurjo

M. A. Álvarez

J. D. Martín

Ricardo García-Aranda

Ana Arrazola

Alberto Giménez

J. Fersán

Mónica Molner

Greg A. Oslo

Eloísa Pardo

 

ENTREVISTAS YA REALIZADAS:

 

Sara Solomando

Curra Fernández

Michael Sánchez

Fernando Navarro

Anna Cruz

Gaspar Fernández

Javier Gómez Santander

Inma Chacón

Keko Iglesias

Juan Luis Cano

Raquel Sastre

Luis Alfonso Gámez

Defreds

Mary Ruiz

Javi Medina

Bricio Segovia

Salva R. Moya

Agustín Martínez

José F. Sastre

Dra Mónica Molner

Marta Fernández

Ana Arrazola

Espido Freire

Ager Aguirre

Javier Penedo

J.E.M. Celeste

Teo Cardalda

Luis Anguita Juega

Adolfo Pascual

Saleta Castro

Tony Jiménez

Juanma de los Santos

Daniel Velarde

Pierre Monteagudo

Toni Delgado

Isabel Albella

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