El cadáver vendado

 9/12/18

 

Aunque parezca increíble, solo hace 95 años desde el hallazgo de la tumba de Tutankamon, y han dado para que, a lo largo de las décadas, se hagan multitud de versiones, tanto literarias como cinematográficas, de La momia.

Según la RAE, una momia es un cadáver que se entierra embalsamado y envuelto en vendas para preservar, dentro de lo posible, su buen estado. Bueno, no lo dice tal cual, pero creedme, yo lo explico mejor. Entonces, ¿por qué de un simple cadáver envuelto en papel higiénico se ha creado tal mito monstruoso? Quizá porque todo lo que gira en torno a estas momias es un tanto… terrorífico.

Para empezar, al muerto le extraían el cerebro y las vísceras por el agujero de la nariz (ni Vicks Vaporub ni ná, ahí a lo bestia). Cuando estaba totalmente vacío, lo lavaban bien y lo cubrían de multitud de aceites y, entonces, le pegaban las vendas. No me extraña que luego tuviesen tan mal despertar.

Por supuesto, esta profanación caló hondo en cineastas y escritores, y muy pronto empezaron a llenar su imaginación con todo tipo de historias que les hicieron meterse al público en el bolsillo. Como una de las películas más antiguas data “La Momia”, de Universal Estudios, que se estrenó en cines en el año 1932 (casi ná con el abuelete). La película es recordada sobre todo por la magnífica interpretación de Boris Karloff como Imhotep, algo que los más cinéfilos no olvidarán nunca. Muy pronto le siguieron otras como La mano de la momia (1940), La momia (1959) o El manto de la momia (1967).

Sí, todos títulos muy originales.

Lo más acojonante de todo es que en muchos rodajes se habló de una maldición, ya que tanto personal que trabajaba en la película como algunos familiares, sufrieron muertes repentinas cuando, aparentemente, gozaban de buena salud.

Curiosidades:

  • Se encontraron restos de cocaína y nicotina en momias egipcias.
  • Las primeras momias fueron sudamericanas.
  • Pedazos de momias egipcias se vendían para ser usados en la preparación de remedios para distintas enfermedades.

Yo, por si acaso, me dejaré de profanaciones…

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