Vacunas y juegos de rol

2/9/18

 

Durante el año 1994 el “crimen del rol” fue el tema preferido de los periódicos y las cadenas de televisión. Sin existir relación entre el crimen cometido y los juegos de rol, los medios crearon deliberadamente una preocupación generalizada, sin pruebas, en base a rumores y buscando sensacionalismo. Desprestigiaron los juegos de rol y a sus jugadores a pesar de que el propio asesino afirmó que él no jugaba al rol, actividad que le repugnaba. Incluso periodistas teóricamente serios, opinaban en periódicos como El Mundo acerca de las repercusiones fisiológicas de jugar al rol, concretamente afirmaban que estos juegos producían «necrosis fulminantes en los tejidos de la cabeza y del corazón, aparte de desprecio por la realidad e ignorancia», afirmando además que promovían la psicopatía. Aún estamos esperando ver los estudios científicos que corroboren estas afirmaciones.

 

Años después, aún permanecía en el imaginario colectivo el miedo sobre los jugadores de rol. De hecho, cuando yo empezaba participar en eventos de rol en vivo, mi madre me preguntó alarmada si no me estaría metiendo en una secta.

Ese miedo por supuesto no había nacido de la nada, sino que se había gestado años antes cuando medios tan poderosos como la televisión y los periódicos habían opinado erróneamente sobre este tema a sabiendas de hacerlo en base a rumores e imaginaciones personales.

 

Y de esta manera, jugar al rol, que no es más que jugar a indios y vaqueros de una manera un poco más sofisticada, se convirtió en un estigma. La televisión y los periódicos tuvieron una enorme parte de culpa en ello, pero si fueron tan eficaces propagando este estigma fue solo porque contaban con un arma que les habíamos dado los espectadores y los lectores, que decidieron deliberadamente no  respetar: la confianza.

 

Como niña pequeña, recuerdo que me costó bastante entender que no todo lo que salía en la tele era cierto. Suponía que alguien en alguna parte debía estar controlando que lo que se transmitía desde ese medio tan poderoso debía ser verdad. Supongo que pequé de inocente. Rendí mi confianza sin pensarlo. Me parecía - también inocentemente- que los periodistas y los directivos eran gente responsable que por supuesto cuidaban la veracidad de los contenidos que transmitían a todo el país.

 

Ahora no soy tan inocente, y sólo entrego mi confianza cuando me demuestran que se lo merecen. Nada de palabras: sólo me valen los hechos.

Y esta actitud me parece radicalmente necesaria en estos tiempos en los que las mentiras pueden acecharnos no solo desde los medios tradicionales. Los mentirosos, los charlatanes o simplemente los ignorantes pueden acercarse desde una enorme variedad de plataformas, con tal aplomo que sus mentiras se cuelan en el día a día de la gente con una facilidad alarmante.

 

Ya no se trata de que nos creemos al periodista que no ha hecho bien su trabajo, pero que en su momento ganó nuestra confianza siendo profesional y riguroso. Se trata de que nos creemos a cualquier desconocido que suelta opiniones como quien suelta mandamientos: la suya es la única voz válida y ay de tí si la desoyes.

 

Y hay mentiras que matan. Y voy a decir esto alto y claro: los asesinos son aquellos que difunden esas mentiras.

Tenemos un ejemplo muy claro en las vacunas. Las vacunas salvan vidas, las vacunas no producen autismo ni ninguna otra enfermedad. No lo digo yo, lo dice todo un ejército de científicos y médicos en todo el mundo. Lo dicen las investigaciones científicas con pruebas de todo tipo. Lo dicen las cifras de incidencia de enfermedades antes y después de haber vacunado a una población concreta. Lo dice la erradicación de la viruela gracias a las campañas de vacunación. Lo dice el hecho de que ya no hay epidemias que se lleven por delante a casi la mitad de la población de un continente.

 

Y lo dicen las muertes de aquellos a quienes sus padres se negaron a vacunar porque prefirieron hacer caso a rumores y charlatanes en lugar de a médicos y a científicos. Porque esas muertes, desgraciadamente, existen. Y cada vez habrá más si seguimos entregando nuestra confianza a gente que no nos ha dado ninguna prueba de que se la merezca.

 

Por supuesto, no se trata de ser un descreído y vivir desconfiando. Pero si alguien te habla de vacunas, que sea un científico o un médico; si alguien te habla de historia, que sea un historiador; si alguien te habla de lenguas, que sea un filólogo; si alguien te habla de educación, que sea un maestro o un profesor. Tú puedes tener tu opinión y tu experiencia, pero sobre temas en los que necesitas un conocimiento que no poseas, busca la opinión de expertos de verdad. No sólo por tí, principalmente por todos los demás, porque cada uno somos responsables de nuestra opinión en tanto en cuanto puede influir en la vida de los que nos rodean.

 

En fin, puestos a creer alguien que no conoces, ¿por qué no creer al médico en vez de al charlatán, por qué no creer a alguien que tiene un título de verdad en vez de a alguien que no puede demostrar que sepa algo de ciencia o de medicina?. De las de verdad, me refiero.

 

Esto indica otro hecho preocupante, y es que a la sociedad le falta conocimiento sobre ciencia. ¿Cuál es la parte de responsabilidad de la sociedad por no interesarse más sobre ciencia, la cual forma parte de sus vidas de forma tan radical? ¿ Cuál es la parte de responsabilidad de los científicos, por no acercarse más a la sociedad y tratar de divulgar sus conocimientos de una manera comprensible? Ni lo sé ni me importa. Solo sé que hay un problema que debemos solucionar. Si de alguna manera hemos perdido la confianza que la sociedad ponía en nosotros, es nuestra responsabilidad volverla a recuperar. Estos textos serán solo un pequeño grano de arena para intentar conseguirlo.

 

Y como quizás os habréis imaginado, mi siguiente post versará sobre vacunas y mentirosos.

 

Pero no me creáis porque sí. No me he ganado vuestra confianza. Yo podría estar jugando un juego de rol, simulando ser científica. ¿Cuántos de vosotros, lectores, me conocéis?. A no ser que os dé pruebas, datos o bibliografía a la que podáis acceder fácilmente, poned mis palabras bajo sospecha. Es más, ponedlas siempre bajo sospecha hasta que no hayáis buscado vosotros mismos la información.

 

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  • Rafael (lunes, 03. septiembre 2018 11:22)

    Completamente de acuerdo, punto por punto, con lo expuesto en el artículo. Lo peor de todo es, según creo, que cada día la vacuna para todos estos temas cada día está más lejana...

    Cada vez hay que luchar más y más contra el ruido que lanzan mil y una voces que gritan más que el que está a su lado porque quieren un seguidor más en sus redes sociales y para conseguir un retweet más se hace y se dice lo que haga falta, que después ya me escudaré en la libertad de expresión.

    Siempre luchando contra el ruido que hacen los demás (que en muchas ocasiones no tienen otra cosa que hacer más que gritar), los profesionales se quedán sin fuerzas para luchar: se desgastan tanto buscando la verdad científica, que ya no les quedan fuerzas para mostrarla luchando contra los que gritan...

    Las vacunas, el rol, la tierra plana... y la lucha sigue y sigue y siempre hay gente dispuesta a recoger la bandera de los desquiciados y disparatados agitándola mientras grita con su megáfono...

  • Andrés M. (domingo, 02. septiembre 2018 17:52)

    Como médico creo que no todo lo que nos cuentan es verdad, como muy bien dices, pero yo te diría que tenemos que ser críticos para todos. ¿Recuerdas la gripe A y las ventas de Tamiflu? Ahora es el sarampión, luego vendrá el papiloma... Estudios serios para avalar y dejemos las alarmas sociales. Lo que salva vidas d verdad es el agua potable, los alcantarillados y la alimentación ¿de qué sirve vacunar a un niño africano para q no muera por rotavirus si no tiene proteinas para fabricar anticuerpos porque está desnutrido?? Tema complicado este de las vacunas...

  • Paloma Celada (domingo, 02. septiembre 2018 16:24)

    No te conozco, querida científica, pero estoy de acuerdo completamente con todo lo que dices.
    Lo de contrastar las noticias e informarse con expertos en la materia es fundamental. Pero hoy en día tiene más credibilidad un individuo con miles de seguidores en las redes sociales que un profesional de la salud (por poner un ejemplo) que ha demostrado su trayectoria laboral en otros foros que nada tienen que ver con dichas redes sociales. Da igual las publicaciones científicas o los títulos universitarios, si no tienes un canal de Youtube o una cuenta de Twitter con miles de twits, no eres nadie.
    Me dedico a la investigación científica y casi a diario tengo que rebatir teorías absurdas que aparecen por la red sin ningún fundamento pero que consiguen adeptos cuanto más peregrinas son.
    Lo que está pasando​ con las vacunas es algo que me indigna y preocupa. Menos mal que todavía hay personas con sentido común, como tú, que alzan la voz para que se las oiga. No he ido a consultar si tenías razón porque soy farmacéutica y sé muy bien cuán beneficiosas son las ahora denostadas vacunas.
    Gracias por tan clara y fantástica exposición.
    Un abrazo.

Apuesta por la literatura emergente

Toda las obras a tu alcance por muy poco

COMPONENTES DEL CATÁLOGO:

 

M. A. Álvarez

J. D. Martín

Ricardo García-Aranda

Ana Arrazola

Alberto Giménez

J.Fersán

Mónica Molner

Greg A. Oslo

José F. Sastre

J.E.M. Celeste

Fran Pahino

Ignacio León

Alicia San Miguel

Fernando Cotta

Pierre Monteagudo

Leticia Meroño

Ager Aguirre

Adolfo Pascual

Gudea de Lagash

Eduardo Acevedo

Tony Jiménez

Rubén de Íscar

Tamara López

Juanma de los Santos

Pedro Saugar

María José Rodríguez

Salva R. Moya

Toni Delgado

Isabel Albella

Daniel Velarde

Enrique E. de Nicolás

Elisabeth Deveraux

Andrés Pinar Godoy

Rubén Hernández

Gemma Herrero

Víctor M. Sanjurjo

ENTREVISTAS YA REALIZADAS:

 

Sara Solomando

Curra Fernández

Michael Sánchez

Fernando Navarro

Anna Cruz

Gaspar Fernández

Javier Gómez Santander

Inma Chacón

Keko Iglesias

Juan Luis Cano

Raquel Sastre

Luis Alfonso Gámez

Defreds

Mary Ruiz

Javi Medina

Bricio Segovia

Salva R. Moya

Agustín Martínez

José F. Sastre

Dra Mónica Molner

Marta Fernández

Ana Arrazola

Espido Freire

Ager Aguirre

Javier Penedo

J.E.M. Celeste

Teo Cardalda

Fernando Cotta

Luis Anguita Juega

Adolfo Pascual

Saleta Castro

Tony Jiménez

Juanma de los Santos

Gudea de Lagash

Daniel Velarde

Pierre Monteagudo

Toni Delgado

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