Subnormal hay que decirlo más

28/1/18

Bienvenidos a mi rincón en “Sabes Leer”. Quincenalmente escribiré sobre diversos temas e ironizaremos sobre ellos. Y, entre post y post, os propondré una lectura del catálogo de los compañeros de esta fabulosa web.

Vamos al grano:

Hace unos días leí la siguiente noticia: “Un hombre es atropellado por un tren al intentar hacerse un ‘selfie’ con él”, y lo primero que se me vino a la cabeza fue “¡Menudo subnormal!”. Lo siguiente fue twittearlo, pero luego pensé en las hordas enfurecidas buscando su momento de superioridad moral y me dio pereza, ya que aguantar a más subnormales no está dentro de mis objetivos a corto plazo.

Rememorando a los chanantes creo, sinceramente, que “subnormal” hay que decirlo más. (Ellos utilizan “hijo de puta”, pero querían que lo leyeran con la melodía).

Desde hace muchos años se utiliza la palabra “subnormal” como término médico para referirse a las personas con Síndrome de Down, pero ha caído en el desuso porque la población comenzó a emplear esa palabra como insulto hacia personas que no tenían dicha afección. Lo mismo ocurrió con palabras como “idiota” e “imbécil”, que empezaron a tener doble intencionalidad: “término médico” en el ámbito sanitario, “insulto” en el día a día. Ello conllevó el escándalo de los afectados por una grave enfermedad: la moralina. La moralina hizo que pasase a denominarse “retraso mental” pero, al convertirse en insulto de nuevo, endulzaron a “deficiencia intelectual”; el parche les ha durado poco, pues ya se usa de forma despectiva contra personas no afectadas y ahora van por “trastorno del desarrollo intelectual”. A este paso, para referirse a personas con retraso mental, van a utilizar el eufemismo “esa condición que usted ya sabe”. Todo esto y más lo explica maravillosamente la neuropediatra Maria José Mas en su artículo “El poder de la palabra”. Yo sólo les pongo en antecedentes para explicar por qué creo que “subnormal” es una palabra necesaria.

El idioma castellano es muy rico y variado, pero no siempre encontramos el vocablo adecuado para referirnos a algo. Es por ello por lo que, a veces, utilizamos palabras que significan una cosa para referirnos a otra. Por ejemplo, para describir a alguien que comete una acción temeraria para hacerse una fotografía y subirla a Instagram, utilizamos subnormal, o imbécil o gilipollas. Esas palabras están asociadas al retraso mental pero, cuando llamamos a alguien subnormal o imbécil o gilipollas, no estamos pensando en que tiene Síndrome de Down, sino en que ha cometido una estupidez. Del mismo modo, cuando en Medicina utilizaron el término “mongólico” para referirse a una persona con Síndrome de Down por la similitud de rasgos físicos con los habitantes de Mongolia y dicho término se popularizó, si alguien te decía que tenía un hermano mongólico no pensabas en lo lejos que habían ido a adoptar, sino en que había nacido con Síndrome de Down.

Es por ello que, cuando oigo el término “subnormal”, en lo último en lo que pienso es en una persona con retraso mental; se me viene a la mente gente haciendo o diciendo estupideces, pero no una persona con discapacidad intelectual demostrada. Por este motivo, cuando alguien se ofende porque te refieres a una persona que hace una gilipollez con “subnormal”, en realidad está siendo despectivo hacia las personas con discapacidad, ya que al leer u oír “subnormal” lo asocia a una persona con retraso mental y no a lo que comúnmente se refiere hoy en día: a alguien gilipollas.

Ser censor del lenguaje y las formas en estos casos sólo demuestra dos cosas: la necesidad de evidenciar su superioridad moral y la certeza de que los únicos que han faltado el respeto a las personas con discapacidad son ellos mismos, pues son los que sí han asociado el insulto al término médico que conlleva. Resumiendo, que son subnormales.

 

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