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Club de Lectura Sabes Leer

DIARIO DEL CLUB

 

26/9/2017

 

Presentamos los proyectos de esta temporada y les entusiasmó que se saliese de lo común, puesto que no vamos a leer y leer y leer... que también... Sino que vamos a realizar un montón de propuestas en las que tú podrás formar parte.

 

Como aperitivo, vamos a crear un relato en el que cada semana uno de nosotros y vosotros irá ampliando el contenido y el continente.

 

Aquí os dejo el inicio que nos facilitó Stefano Rey (desde México, al cual estamos agradecidos hasta el infinito, y más allá) para que demos rienda suelta a nuestra imaginación. Marisa será la encargada de llegar el próximo miércoles con un texto de un folio de extensión (medida aproximada). Todavía no tiene título, pero le llegará:

 

Eran las tres de la madrugada cuando el sonido del teléfono
sacudió el silencio sepulcral de la noche. Luis, de 54 años,
descolgó el auricular sabiendo que, a esa hora, ningún
mensaje sería buena nueva.
Ahí comenzó todo. La caída libre que lo llevara a lo más
pronfundo del valle. Apenas unos años antes, cuando Luis
cumplió medio siglo en esta vida, su día a día estaba cargado
de palmadas en la espalda al frente de una importante
compañía acerera. Ya había logrado olvidar el divorcio que,
siete años antes, había acabado con una relación de más de
dos décadas junto a Marisa.
Sus mañanas siempre eran las mismas, se levantaba con el
periódico local como referencia, analizaba su Ipad para
checar los correos electrónicos, desayunaba temprano, y se
vestía con un elegante traje. Luis siempre fue querido por sus
vecinos de la lujosa urbanización “Los montes”. Todos
sabían la historia de aquel joven que, con trabajo arduo,
logró hacerse un hueco en la industria del acero, para
convertirse, con el pasar de los años, en uno de los hombres
más potentados e influyentes de la ciudad.
A veces un padre y un hijo no hablan entre ellos. No existe
una obligación natural en la que los vástagos tengan que
querer a su padre por encima de cualquier cosa. Por
desgracia, en la vida, los seres humanos actúan siguiendo la
teoría de acción - reacción. Luis no fue el mejor padre y la
reacción de Román fue la de congelar, por así decirlo, el
afecto y el cariño hacia su padre.

¿Qué motivó a Román a no hablar con su padre por años? Si
le preguntáramos a él, diría que Luis era un cabrón engreído,
sangrón, adinerado y putero. Pero si cuestionáramos a un
hipotético terapeuta del joven, seguramente volcaría su
mensaje hacia una falta de afecto continuada de Luis para
con su único descendiente. En cualquier caso, la acción de
tantos años de separación afectiva, llevó a la reacción del
rechazo.
Es por esto, o quizás porque ya los años le pesaban, que Luis
caminaba rogándole a su hijo que le hablara. Quería sentir el
perdón de Román. Luis sabía que no había sido el mejor
padre, pero siempre hay un momento en la vida en el que se
puede cambiar y este era ese punto exacto.
Le repetía una y otra vez que su vida había sido muy dura,
que el hecho de trabajar hasta doce horas diarias le había
impedido estar cerca en los momentos en los que el joven
necesitó de su presencia. Román, en aquella sala, estaba
frente a él, pero sin ninguna expresión en su rostro. Luis
intentaba que Román lo perdonase. Ese accidente de la
noche anterior lo había cambiado todo y ahora quería decirle
todo por lo que había pasado.
Sabía el padre que unas pocas palabras no iban a cambiar lo
que aquel joven pasó durante tantos años, y el silencio
impasible de Román, era muestra clara de que, por mucho
que ahora se dijera, la reconciliación era ya imposible.
Luis le recordó los tiempos en los que sí hubo química entre
ellos. Tiempos muy lejanos que acabaron bruscamente
después de que Marisa descubriera las continuas

infidelidades de un hombre que fue a la par, muy bueno en
su trabajo, y muy malo como esposo.
Caminaba en círculos en aquella habitación mientras
intentaba explicar a Román que había cometido errores, pero
que ya era tiempo de perdonarlos. Necesitaba oir de su hijo
que lo perdonaba. El joven, impasible, no hacía ningún gesto
que denotara el perdón buscado por Luis.
"¿Qué tengo que hacer?" Se preguntaba Luis cada vez más
apesadumbrado. "Ya te he dicho lo que sentía, me he
disculpado con las mejores palabras que conozco. Necesito
que me abraces hijo, sentir que me perdonas, y si es
necesario quiero que lloremos juntos. Necesito expiar esta
culpa."
Fue entonces cuando dos personas vestidas de blanco
entraron a la fría habitación y con delicadeza le preguntaron
si ya podían tapar el cuerpo. La identificación del cadáver no
dejaba lugar a dudas. Román, yacía inerte en aquella cama
metálica.

Stefano Rey

 

4/10/17

 

Comenzamos la lectura de "El hombre que surgió del rímel", de Juan Luis Cano.

Nos dijeron qué libros les gustaría leer en el Club y contuinamos con el relato que a continuación os dejo para que prosigáis vosotros en vuestras mentes:

 

 

Cuando salieron los dos enfermeros de aquella sala de hospital, un frío estremecedor recorrió el cuerpo de Luis. Ya no podía decir nada, nadie lo escuchaba, y en aquel silencio aterrador fue cuando hizo un examen a todo su pasado.

Hubiera querido retroceder en el tiempo... pero eso no es posible... El pasado no vuelve. Se había sentido muy bien siendo admirado y triunfando en su profesión, con todos los placeres que tenía a su alcance que le habían impedido ver que estaba perdiendo lo que tenía más cercano.

"¿Y ahora qué? Hay que seguir adelante"

A su ex mujer, Marisa, no la podía recuperar, ella había empezado una nueva vida con otra pareja.

Estaba solo... y en aquella soledad, Luis empezó a organizar su futuro.

Nada de trajes caros ni vida efímera.

Dedicarse a trabajar para los demás en una ONG le daría una satisfacción que no había sentido antes. Tener la oportunidad de conocer a personas de diferentes clases sociales, saber que hay gente que sin tener apenas nada, pueden ser muy felices, solo con el cariño y la solidaridad de otros.

Algo que Luis no supo ver ni valorar en otros momento, y cuando intentó recuperar a su hijo ya lo había perdido para siempre.

Marisa

 

11/10/17

 

Hoy va a ser una clase atípica. Hemos leído algunos poemas del fabuloso libro de Noelia Alegre Díaz, componente del catálogo que tienes a tu disposición y a quienes leen poesía les ha entusiasmado; y a quienes no son seguidores de los versos, les ha llamado la atención. Muchos de nuestros integrantes del Club de lectura hacen puente pero no se quedarán con las ganas de saber cómo sigue el relato que estamos creando, por eso, también aprovecho para poneros la continuación del mismo:

 

Sin embargo, las buenas intenciones que nacen intensamente con cada latido del corazón, aunque sean las del corazón triste y arrepentido de Luis, en ocasiones se enfrentan arduamente a las situaciones más inexplicables y oscuras.

Fue entonces cuando comenzaron los sueños.

Al principio eran simples susurros nocturnos danzando erráticamente, que no era capaz de recordar al día siguiente, pero tras una semana, la herida que infligían sobre su alma fracturada comenzó a tener sentido.

En el más recurrente, Luis, caminaba descalzo sobre unas hojas que crujían desgarradas con cada paso que daba. El escenario que dibujaba a su alrededor era el de un bosque enmascarado por una trágica capa de melancolía. Las ramas de los árboles que le rodeaban, bebían suavemente del gentil viento, que a su vez regalaba voces ocultas que acariciaban gélidamente el rostro de Luis, arrancándole alguna lágrima. Su pecho marcaba como un tambor el ritmo que se alimentaba por momentos, del miedo que crecía intensamente y que agitaba violentamente su respiración. A pesar de todas las señales que le invitaban a alejarse de aquel bosque de susurros y aflicción, Luis prosiguió su caminar atraído por una sombra tatuada sobre las hojas marchitas, que cubrían el suelo tras uno de los arboles gigantes. Una sombra que navegaba sobre sus recuerdos, abandonando un poso de familiaridad en su retina. Luis aceleró sus pasos, tratando de no perder la sombra entre los pequeños copos de nieve que habían comenzado a descender, pero el dueño de aquella sombra no quiso revelar su identidad.

Nunca quería.

Luis nunca conseguía atrapar su sombra.

Cuando despertaba, una infinita pesadumbre se apoderaba de sus lágrimas y de su alma dejándole un vacío incalculable. Luis sabía que aquellos sueños, aquel bosque, los susurros y aquella sombra escondían algo más que simples tormentos nocturnos.

Para alguien que ha perdido todo, quizás su única salida, la única respuesta que le permitiese seguir caminando era averiguar que quería aquella sombra.

Para alguien que lo ha perdido todo, perseguir la sombra oculta en sus sueños quizás no fuese tan mal plan.

¿O sí?

Íñigo Gibernau Murré

 

18/10/17

 

Hoy hemos comenzado una lectura muy especial. "La magia del amor", de J.E.M. Celeste. A petición popular, se seguirá con esa misma lectura puesto que ha entusiasmado a los componentes del club. Según avancen las semanas os iré contando, pero este maravilloso libro nos llevará algún tiempo. A continuación, os dejo el siguiente relato que prosigue la historia que estamos creando entre todos:

 

Luis pasó un tiempo hundido en la tristeza, los recuerdos de su hijo muerto sin que hubiera conseguido que le perdonara, no le dejaban vivir. La idea de hacer algo por los demás le seguía animando. Un amigo le habló de un centro de niños con discapacidad; la idea de hacer algo con niños la hacía ilusión. Pensó: "Por ver qué es no pierdo nada".

Dando un paseo se acercó al centro, le llamó la atención el nombre que ponía en la puerta: <<No pases de largo>>. Luis entró y visitó las instalaciones, conoció a los educadores; eran gente muy sencilla y acofedora. Visitaron las clases. Daban pintura, dibujo, manualidades y toda clase de deportes.

"¿Cómo puede ser que estos niños estén tan alegres con esas limitaciones que tienen?"

Luis se quedaba asombrado, pasó junto a un niño que estaba en una silla de ruedas y no supo lo que le pasó. Esa mirada dulce le recordó a Román cuando era pequeño y tenía con él ratos felices.

-¿Cómo te llamas? -preguntó.

-Me llamo Raúl.

-¿Cuántos años tienes?

-Tengo doce.

-¿Viene alguien a buscarte?

-Sí, viene mi madre.

Luis ya no se separó de Raúl. Había algo en aquel niño que no podía explicar. Cuando vino Teresa a buscar a su hijo, este ya le presentó a su nuevo amigo que había estado junto a él. Teresa era una mujer joven. Sin ser muy guapa, tenía una dulzura en la cara que dentro de su sencillez la hacía atractiva. Estaba dedicada a su hijo al que quería con locura. Solo le tenía a él.

Su marido, cuando supo la enfermedad de Raúl dijo que no lo podía soportar y les dejó.

Emilia

 

25/10/17

 

Hoy hemos quedado en continuar la lectura del libro en el que se han fijado nuestros componentes del Club. "La magia del amor", de J. E. M. Celeste ha encandilado a todos por igual, incluso a los que la lectura romántica no les hace mucho tilín. En cuanto al macrorelato, hemos hecho un parón porque teníamos que decidir hacia donde queríamos encaminar la historia. Por inmensa mayoría, será un Thriller en el que intentaremos mantener el suspense aderezado con toques de distintas índoles para que la disfrutes tanto como nosotros.

 

1/11/17

 

Hoy hemos dado libre, pero el relato continúa a cargo de una de nuestras lectoras del club. A ver si os gusta tanto como a mi:

 

 

 

Tras aquel encuentro con Raúl y Teresa, Luis se ofreció a empujar la silla del niño y pasearon los tres hasta un cercano parque con gran variedad de árboles y abundantes parterres con flores multicolores que animaban aquel espacio a pesar de la estación del año en la que se encontraban.

Raúl se distraía con cada objeto que veía a su paso, mientras, su madre y su nuevo amigo conversaban afablemente de cosas cotidianas, aunque reservando cada uno su pesadumbre; al fin y al cabo acababan de conocerse y no era lógico abrumarse tan pronto. Con el tiempo, ya tendrían  ocasión de hablar más profunda y sinceramente, cuando  aquella amistad se consolidara más firme, al menos eso era lo que Luis pensaba. Habían dado ya un largo y agradable paseo, llegaron de nuevo a la puerta del parque, decidieron despedirse, fue entonces cuando Luís se dirigió al niño, le abrazó y le dijo que volvería a visitarle otro día, saludó a Teresa, y madre e hijo salieron del parque.

Luís aún permaneció allí algunos minutos mientras les veía alejarse, se dio cuenta de que volvía a estar solo, se sentó en uno de los bancos, le asaltó la tristeza  y se sumió en tal angustia  que perdió la noción del tiempo; en esa soledad y abstraído en sus propios pensamientos le sorprendió una suave lluvia que iba aumentando en cantidad, cuando volvió a la realidad, no supo cuanto tiempo permaneció así, pero observó que había anochecido, que estaba empapado y aunque sabía que estaba solo en medio de aquel recinto, notó como algo le había zarandeado de tal forma que se estremeció y tuvo que contener su propio grito. Miró a su alrededor, no conseguía ver con claridad por la lluvia, pero a lo lejos, entre los árboles, le pareció percibir aquella maldita sombra que le perseguía en sus sueños.

Se marchó de allí desasosegado, nervioso, con rabia contenida, pero dispuesto a enfrentarse a lo que fuera necesario. Caminaba hacia su casa en la lujosa urbanización “Los montes “. Recordó a Raúl y a su madre con afecto, y a pesar de todo, pensó que había sido un día muy agradable en mucho tiempo.

Cuando llegó a su casa, se quitó la ropa mojada, se dio un baño caliente que le reconfortó, se dispuso a cenar y luego se fue a la cama. A Luís no dejaba de atormentarle la ingrata sensación que había vivido en el parque hacía unas horas, y aunque se sentía desconcertado, no sabía lo que le estaba sucediendo; esa noche no pudo dormir.

A la mañana siguiente, aún sin haber descansado, desayunó, salió de casa temprano y se dirigió a la fábrica. Pero ya en su despacho, sentado en su sillón, pasó largo rato apoyando sus codos en la mesa con la cara entre las manos, no conseguía centrarse en su trabajo. Entonces tomó la determinación de salir de allí e ir a visitar a Ernesto, su mejor amigo, éste era médico y Luís le contaría lo que últimamente le  estaba torturando (por aquello de quitarse un peso de encima).

Antes de llegar a la consulta de su amigo cambió de opinión al instante, cuando al pasar ante el cristal de un escaparate sintió algo que le atenazaba los músculos de la garganta, tanto, que no podía articular las palabras, se quedó perplejo al ver reflejada tras él aquella imagen…..; giró hacia atrás pero no vio a nadie, volvió a mirar el cristal y allí seguía reflejada aquella sombra. ¿Qué era aquello? ¿Quién era? ¿Qué quería de él?

Luis se encontraba  cada vez más amenazado sin saber porqué  ¿qué le estaba sucediendo?, no tenia respuestas a sus propias preguntas, sin embargo quiso pensar que su futuro no estaría siempre empañado por tanta tristeza, y este pensamiento sirvió para darle un poco de ánimo.

Pilar

 

8/11/17

 

Seguimos con la lectura de nuestra autora J. E. M. Celeste: "La magia del amor" y el macrorelato:

 

 

Esa misma mañana se levantó de muy buen humor. Preparó el desayuno, y como era domingo llamó a Teresa por teléfono. Se llevó una alegría, puesto que ella vio con buenos ojos quedar esa misma mañana para pasear. Raúl tenía visita cultural con los compañeros de la organización y podrían charlar de lo que surgiese sin temor a incomodar al joven. Tras una ducha reconfortante, se rasuró la barba y escogió uno de sus trajes más elegante. La ocasión lo merecía y no estaba dispuesto a causar mala impresión.

Dudó un instante el coche con el que iría a recoger a su acompañante, pero tras bajar al garaje y echar un vistazo rápido se decantó por el todo terreno gris. Cómodo y fácil de subir y bajar por si Teresa escogía tacones. Abrió el portón y dejó atrás una colección de 5 vehículos más, entre los que se encontraban 2 deportivos, una motocicleta que no usaba y otros dos turismos de mediana gama. La mañana apetecía pasear. Un sol radiante inundaba cada calle.

Al llegar a su primer destino, un cierto nerviosismo recorrió su cuerpo. Pero nada comparado con lo que sintió su corazón al ver a la bella mujer salir del portal de aquel humilde edificio.

Un vestido negro muy juvenil, resaltaban todos sus atributos. Bajó del asiento de pilotaje y dio unas zancadas hasta la puerta del lado contrario. Tomó el tirador e invitó a la mujer de forma galante a que tomara asiento, cosa que ella agradeció con un beso en la mejilla. Esto provocó que el perfume de ambos se mezclase con el ambiente de barrio y se mirasen a los ojos de un modo primitivo.

Cuando arrancó el motor y salió a la calle principal se volvieron a cruzar sus pupilas. Eran incapaces de articular palabra. En cada semáforo, en cada ceda el paso, en cada stop… las miradas no eran capaces de ignorarse. Así pasaron unos minutos hasta que el auto se detuvo en un parque. En su interior, un local bien cuidado les esperaba. Ella tomó el brazo de él y este se lo agradeció con un par de ligeros toques en la mano.

Pasaron una buena velada. Un dúo de artistas amenizaba el ambiente con un violín y un saxofón. Ella no paraba de asombrarse por una cosa u otra. Que si el decorado, que si la mantelería, que si el almuerzo… Pero le impactó sobremanera el trato con el que les agasajaban. No estaba acostumbrada, ni mucho menos, a tanto lujo.

Cuando terminaron de tomar un café italiano de primer nivel, accedieron a un pequeño estanque que da a la parte posterior del local. Flores, aves, el sonido envolvente… Teresa susurró algo al oído de Luís. Este permaneció un instante inmóvil. Ella se apartó un poco pensando que le había incomodado pero de ningún modo. Su cara se envolvió con una luz que en mucho tiempo le había tocado. La tomó de la mano con suma delicadeza y accedieron al interior para abonar la cuenta y marcharse.

No tenía ninguna prisa, pero se notaba cierto nerviosismo a la hora de tomar las curvas, a la hora de circular. Una vez en el barrio de la mujer, aparcó y subieron a casa. Después de un par de horas, Luis bajó solo y se marchó a casa con la mejor de las sonrisas.

Por la tarde estuvo trabajando en su despacho. Hizo un par de llamadas de larga duración hasta que le venció el sueño. Antes debía de cenar algo, puesto que su cuerpo se lo reclamaba. En la nevera encontró un recipiente con caldo de ternera. Lo acompañó con una tostada de tomate y una bebida isotónica. Le apetecía una copa de vino, pero lo desestimó al pensar que beber solo sería una pésima idea. Tras nutrirse de las últimas noticias bursátiles en su flamante televisión con el mejor de los canales de pago, recogió todo y se fue a la cama.

No podía cerrar los párpados. Las vueltas de un lado hacia otro en la inmensa cama le desesperaban, hasta que volvía a su mente aquella mañana y lo calmaban un poco.

El sonido del teléfono perturbó el estado de nirvana en el que estaba sumido. Se incorporó y tomó el auricular inalámbrico de su mesilla de noche. Tras colgar con su interlocutor, bajó la cabeza y estampó el aparato contra el suelo.

¾No puede ser… Otra vez no…

J. Fersán

 

15/11/17

 

La lectura de "La magia del amor" continúa y parece que gusta bastante. El relato nada se parece al comienzo y uno de nuestros miembros del club es el encargado de avanzar unas líneas:

 

Teresa acostumbraba a las diez de la noche a llevar a Raúl a la cama y aquel día, inconscientemente, aun cuando le realizaba toda la parafernalia y acomodaba su débil cuerpo colocando sus afiladas piernas en la cama ortopédica que le había recomendado Estefan, el doctor que trataba a su hijo. Recordaba el día tan agradable que había pasado con Luis, era una apisonadora humana, un hombre correcto pero se le notaba que estaba acostumbrado a mandar, era de esos empresarios que no admitían un no por respuesta y eso la atraía como las moscas a la miel o quizá, como las mariposas a la luz de las velas. También podría ser que su exmarido, quien era un hombre de carácter débil y siempre ella lo manejaba a su antojo, bueno ella y todo el que se acercaba y le contaba unas penas hacían de él un títere, si bien es cierto que eso fue lo que la empujo a casarse con él, bueno eso y que una noche de copas con unas amigas, la trajo a Raúl, y como su exmarido pasaba por allí……

Besó a Raúl con la fuerza de la desesperación de no poder darle la movilidad que ella tenía y como todas las noches salió llorando de la habitación en la que tuvo que ir cambiando la decoración, en función de las necesidades que le iban surgiendo a su hijo; la verdad es que no se parecía en nada al diseño original, había cambiado la silla ergonómica por la silla de ruedas y a donde antes dejaba la bicicleta ahora están las barras paralelas para intentar aprender a poder caminar apoyándose en los brazos.

Y como todas las noches se sentó en el sofá, pero ese día era diferente, no encendió la tele, quería pensar y comparar. Eran totalmente diferentes, Luis con esa fuerza arrolladora y Estefan era un hombre dulce y delicado, se lo había demostrado de sobra, con el trato que dispensaba a Raúl, cuando empezó a tratar a su hijo, por recomendación de su compañera de trabajo, María.

Sonrió al pensar que el día que conoció a Estefan en su consulta llevaba aquella blusa de flores con su escote un poco prolongado y de la que había sacado siempre muy buenos réditos, cuando quería impresionar a los hombres. Si bien es cierto que cuando llevó a su hijo a Estefan, su única idea era que fuera como fuera, había que interesar al médico en la atención a Raúl. Volvió a esbozar una leve y triste sonrisa al recordar cómo le costaba quitar la vista de su escote. Al coincidir ser la última de sus visitas al doctor, este la decía:

 -Doña Teresa, me permite que la invite a usted y a Raúl a tomar un café.

-Por Dios doctor, no me llame Doña Teresa, solo Teresa y bien sabe usted que se lo voy a aceptar encantada.

Les invitaba en una cafetería de al lado de su consulta a tomar café, y cuando se despedían, ella sabía que no se atrevía a pedir una cita, pero se había jurado dedicarse a su hijo en cuerpo y alma, y bien que lo cumplía. Era un hombre tímido en su trato pero, ¿Con las mujeres?, ¿O solo con ella? Si bien es cierto que cuando le daban la última hora de consulta, nunca se ponía la blusa de flores para evitar, al pobre doctorcito, pasar un mal rato.

Quizá no fuera muy ético, pero estaba decidida a sacar adelante a su hijo a como diera lugar y con unos pensamientos tan halagüeños, sentirse deseada por dos hombres tan diferentes y a la vez tan interesantes era algo que a sus 41 años, superaba sus expectativas. Aquella noche no necesitó Orfidal para dormirse.

Eduardo

 

22/11/17

 

La lectura prosigue y el relato adquiere protagonismo en el Club de lectura. ¿Todavía no te decides a participar?

 

 

De hecho se quedó dormida en el sillón, en ese mismo donde años atrás dio de mamar a Raúl. Donde se pasaba tardes enteras con su retoño en los brazos, ese al que por desgracia tenía que seguir guiando. De repente un ruido enorme gritó en su cabeza, como cuando pasa por encima tuyo un avión con destino a no se donde, a un sueño nuevo o a un fin del mismo. Teresa se despertó, vio como su vestido había oscurecido con el agua de su sudor, el sillón le había atrapado, era incapaz de levantarse, aquel sonido le había dejado agotada, no entendía nada, miró el reloj dorado que Luís le regaló en su primer aniversario, que le trasladaba a aquel día de invierno. Subiendo por la calle Prado recordaba como se había bajado del metro ya que  había quedado en Santa Ana con su joven marido; los adoquines de la calle eran su única compañía. Eran las ocho de la noche, empieza a subir la calle y una brisa con aroma a almendras le llega, una fina lluvia humedece su pelo, y de repente unos copos blancos a lo lejos vienen hacia ella, uno de ellos queda pegado a su mejilla. Teresa se quita el guante de la mano izquierda y lo coge, cual es su sorpresa que es la flor del almendro, levanta la mirada y allí estaba Luís, jamás olvidaría ese día.

De repente un golpe de realidad le hace fijar de nuevo sus ojos en  las manecillas de su reloj, eran las seis de la mañana, ella tenía sensación de haber dormido media hora como mucho.

Los gritos de nuevo en su cabeza, pero esta vez pudo oír de donde venían, se levanto de un salto, no había duda, provenían de la habitación de Raúl. Corrió desesperada, pensando en que su hijo estaba pasando por algún tipo de crisis, que se lo encontraría llorando asustado, desesperado, con los ojos ensangrentados buscando los de su madre, pero cuando Teresa abre de un golpe la puerta y al encender la luz, se agarró del marco de la puerta. No podía creer lo que estaba viendo, ¡noooooo Raúl hijo! gritó, notó como se cegaban sus ojos como la sangre dejaba de recorrer sus venas, hasta que se desmayó, permaneció en el frío suelo, hasta que poco a poco recobró el conocimiento. Un escalofrío le recorrió la frente, con su mano quiso secarla y de su cabeza brotó como grifo abierto su sangre, se había golpeado la cabeza al caer, estaba desorientada, perdida, no recordaba como había llegado allí; se arrastró hasta los pies de la cama como pudo, no escuchaba nada, en  el  ambiente había un sonido áspero, como cuando la vida te pesa tanto que cargar con ella te hace tomar una decisión de decirle: camina tú que yo reposo y ya te alcanzo; de no rendirte pero de bajar del tren en una estación que no es la tuya, pero lo necesitas para mirar como viven los demás y tomar el próximo tren que te enlace con tu día a día.

No oía a Raúl, no recordaba lo que había visto al abrir la puerta de la habitación, aquello que su mente no era capaz de procesar, no porque ella no se lo esperara, ni nunca se le hubiera pasado por la cabeza, pero nunca esperas lo que no quiere que pase, aunque te prepares durante años, para la llamada de la noticia que te toca en la puerta y siempre te coge de espalda. Los nudillos golpean con fuerza en tu cabeza y no hace falta que las palabras se claven en tus oídos y recorran tu cuerpo hasta el corazón, porque éste ya está llorando de la noticia que ya había llegado en forma de abrigo de invierno aunque tu temperatura sea otra.

De repente recordó todo. Se vio sentada en el sillón mirando el reloj de Luís y aquel sonido en su cabeza. Al incorporarse delante de la cama, alguien le toco el hombro izquierdo, y el sonido  al cerrase la puerta de la habitación le recorrió un escalofrío que la dejó inmóvil, incapaz de darse la vuelta, el pánico en forma de látigo golpeó su cara.

Sergio Estévez

 

29/11/17

 

Continuamos con la agradable lectura de "La magia del amor", de J.E.M. Celeste y ahora, quien nos regala su relato es un vallisoletano con mucha solera. Esperamos que os guste:

 

 

Estaba claro.

Había tenido, una vez más una  tremenda pesadilla, debido sobre todo a que siempre se consideró culpable de la enfermedad de su hijo Raúl y de su separación matrimonial. Un afán desmedido de recuperar una vida ilusionante la llevó a buscar refugio en la última persona que había conocido.

 Llamó a Luis y quedaron para verse en un bar cercano.

Decidieron que lo mejor era que pasaran a llevar una vida en común,  para que esto actuara de manera terapéutica para los dos, ella intentaría superar sus neuras por la enfermedad de Raúl y él vería la posibilidad de mejorar el comportamiento que tuvo con Román con su nuevo hijo.

Los días pasaban de manera implacable y la superación personal de los dos, disfrazada de amor, igualmente veía amanecer y anochecer.

La monotonía, la nostalgia de otros tiempos, en definitiva el amor interesado, el desamor, hizo que la convivencia diaria fuera difícil algunos días e insoportable en otras ocasiones, con largos silencios y estúpidos desencuentros.

Teresa seguía con sus pesadillas, a las que añadía el verse cada vez menos joven y el haber perdido su independencia lo que sin duda no compensaba la vida junto a Luis. Por otra parte le era imposible no pensar en más de una ocasión en el doctor Ernesto al que seguían viendo por el tratamiento de su hijo.

Luis conseguía, solo a veces, dar un trato cariñoso y paternal a Raúl; echaba de menos su anterior vida de ejecutivo triunfador y tampoco lograba quitarse del pensamiento su comportamiento con Román.

En fin, no habían conseguido los fines propuestos, aún sabiéndolo ninguno de los dos era capaz de plantearlo claramente hasta que llegaron a un punto en que no había otra salida que no fuera sopesar la continuidad de su vida en común.

Fue Teresa quien con considerable esfuerzo y de forma que solo las personas de su género saben exponer, inició la conversación, había, en su opinión,   que dar un nuevo impulso a la unión existente, si no sería prácticamente imposible continuar.

Luis intentaba encontrar con sus palabras la parte positiva, sintiendo que no era del todo sincero puesto que estaba completamente de acuerdo con las palabras de ella.

Acordaron darse un tiempo y volver a evaluarlo…

Julián

 

6/12/17

 

Como todos sabemos, hoy es festivo y la mayoría del país hace puente, por lo que nosotros no íbamos a ser menos. Pero el relato continúa y hoy, la encargada de darle forma es J.E.M. Celeste:

 

Tiempo era lo que necesitaba Luis para organizar su mente. No podía hacer como si todo en su vida fuese normal, no podía seguir fingiendo ante Teresa. Ella era una mujer astuta y se estaba empezando a dar cuenta de que algo le ocultaba.

Su pasado había regresado de nuevo, y esta vez con mayor virulencia desde aquella llamada. A pesar de su separación la sombra de Marisa, su ex mujer, seguía persiguiéndolo.

Antes de dar el paso, antes de casarse con ella y tener un hijo en común, no sospechaba lo que esta guardaba en su ánima. Hasta que una noche, en concreto la noche más hermosa de una pareja, la de su boda, todo salió a la luz. Ella no era quien él creía. Los demonios de su infancia la retenían bajo sus fauces desde entonces.

Aquella primera noche de casados, la vida ensoñada de Luis se quebró. Ya nada sería como siempre la había planeado. Ella no era la dulce mujer de la cual creyó enamorarse. Era como una hermosa  Mantis religiosa, que engatusaba con su belleza al macho y una vez conseguía de él lo que quería se lo comía. Sin embargo, él seguía queriéndola. Era extraño, y muchos pensarán que estaba loco, pero Marisa era presa de una enfermedad mental muy grave que no la dejaba ver más allá de sus delirios. Él sentía la necesidad de sacarla de allí, de abrirle los ojos. Y creyó que la dicha de engendrar en su propio vientre a un hijo, la colmaría de gracia y conseguiría espantar sus demonios; se equivocó.

El nacimiento de Román no hizo desaparecer aquellos desagradables episodios que sufría su mujer, sino que los incrementó, tanto en periodicidad como en intensidad. Cada vez, era mucho más difícil estar junto a ella, desconfiaba de todos, incluido de su pequeño hijo de tan solo unos meses de edad. Luis se sentía impotente, aquella situación lo superaba. Él no fue criado con amor, por lo tanto, al no conocer esa parte de la vida de la que todos deberían poder disfrutar, no era capaz de ofrecérselo a su hijo. Así que tras mucho cavilar, y sin consultar con su mujer, internó a su hijo, de tan solo unos meses de vida, en un orfanato.

Fue una decisión difícil, en realidad Luis amaba más que a nada en el mundo a su hijo, su nacimiento fue el único regalo que la vida le había concedido. Pero él no era merecedor de tan maravilloso tesoro.

Al averiguar Marisa lo que su marido acababa de hacer se sumió en una profunda tristeza. Luis se sintió culpable, pero era consciente de que su decisión era la más razonable para el bebé.

Su relación con Marisa se distanció, él se centró en su trabajo. Fue poco a poco ascendiendo en la empresa, hasta llegar a convertirse en un reconocido y ricachón mandatario. Su vida había dado un vuelco de 360 grados, y a pesar de saber que ese jamás había sido su sueño, mantenía su mente ocupada; lo cual era de agradecer.

Marisa, en cambio, se sumió cada vez más en su infierno, se encerró en sí misma. La relación que intentaron mantener durante años, a pesar de la dificultad que esta acarreaba, se apagó; no por falta de amor, sino por falta de coraje. Ninguno supo sobrellevar lo que el camino de la vida les había presentado. Y se detuvieron, a la espera de que algo o alguien los socorriese de aquella tenebrosa senda en la que se había convertido su existencia.

Luis había intentado ignorar su pasado, camuflándolo con la presencia de Raúl y Teresa. Pero, era injusto que ellos, cuyo sufrimiento ya rebasaba la línea de lo soportable, cargaran con el enorme peso que este acarreaba sobre sus espaldas. Por eso la decisión de Teresa le pareció la correcta.

Primero debía enfrentarse a su pasado. Con la muerte de Román, creyó que el lazo que lo unía a Marisa había sido cortado, pero se equivocaba. Este se había vuelto mucho más robusto, y lo estaba ahogando de nuevo.

Debía llamar a Marisa para ver qué era lo que la había atormentado hasta tal punto de ser capaz de acontecer tal locura.

J.E.M. Celeste

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  • Eduardo Mayo (viernes, 17. noviembre 2017 21:36)

    Hola Jesus, soy Eduardo. No se si te habra llegado el escrito mio, pero te ruego que todavia no lo publiques, habría que hacerle un par de correcciones, que pienso le vendrían bien. Un saludo.

  • Eduardo Mayo (domingo, 12. noviembre 2017 19:08)

    Hola Jesus, soy Eduardo del Club de Lectura, como no se porque no tenia tu dirección, le di el escrito a Pilar para que te lo hiciera llegar y leyendo los escritos ahora, hay que cambiar el nombre de Estefano por Ernesto. Un saludo y gracias.

 ENTREVISTAS

ILUSTRES

VENIDERAS

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MARTA FERNÁNDEZ

Ex Jugadora de baloncesto

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LUIS ANGUITA

Fiscal y escritor

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JORGE ALBI

Periodista, experto musical

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SALETA CASTRO

Triatleta

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JAVIER PENEDO

Director del programa: The box

Locutor de radio

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AGUSTÍN MARTÍNEZ

Periodista

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ESPIDO FREIRE

Escritora

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NAYANESH AYMAN

Luchador de K1

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RAQUEL MARTOS

Periodista y escritora

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PEDRO GARDNER

Actor y escritor

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MARIANO UGARTE

Fundador de la Asociación Pablo Ugarte (A.P.U.)

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NACHO ABAD

Periodista y escritor

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