José F. Sastre

12/4/18

 

REFLEXIONES

Recientemente me han pasado uno de esos vídeos típicos para remover la conciencia y “hacernos mejores personas”, uno en el que se plantea, a través de una supuesta encuesta, la idea que desde diferentes sectores de la sociedad se tiene del concepto de riqueza. Y en el fondo, el planteamiento es para pensarlo con calma.
¿Quién es más rico? ¿El que tiene más patrimonio? ¿El que tiene lo que necesita? ¿O el que tiene lo que quiere tener? ¿Qué tiene más valor, la riqueza material o la personal?
En estos momentos, me considero muy rico, casi diría feliz como una perdiz, porque tengo lo que quiero tener y estoy con la gente con la que quiero estar. Cierto es que nunca falta alguna que otra preocupación, es algo inherente al ser humano, pero lo que tengo muy claro es que, al menos para mí, la verdadera riqueza no está en el montón que puedes amasar, sino en estar a gusto con quien estás y con lo que tienes. ¿Para qué quieres ser el más rico del cementerio? ¿De qué te sirve tanto dinero en el banco, o tantas casas, o tantos coches, etc.? ¿Para tener un tren de vida a todo lujo? Si eres feliz así, adelante, has satisfecho todas tus expectativas.
No. Por mi parte, soy de los que piensan que el dinero es para gastarlo, para disfrutarlo. No para despilfarrarlo, sino para usarlo con la mesura adecuada, manteniendo en todo momento un colchón que te permita vivir cuando menos desahogado; soy de los que con amigos de verdad, unas cervezas, buenas charlas y juegos de mesa o rol, me siento en las nubes. Y también es cierto que en este preciso momento me encuentro en un proceso de bloqueo o bajón literario, en el que no me veo con ganas de seguir escribiendo: las ideas siguen estando ahí, pero no las desarrollo como antes: ni con la fluidez, ni con la fuerza, ni con la calidad que me habéis presupuesto. Y creo que sé a qué se debe, a que, como ya comenté en uno de mis primeros posts, he pasado de escribir como válvula de escape, algo que le ha proporcionado a mis historias más fuerza, a escribir de manera desapasionada, teniendo que pensar con más calma y detenimiento qué escribir y cómo… Eso, unido a una cierta pereza a la hora de sentarme al ordenador, ha generado la situación actual.
Pero, ¿sabéis qué es lo mejor de todo? Que no me preocupa. Puesto que es una afición, mi planteamiento es sencillo: estoy viviendo lo que quiero vivir, además del hecho de comprobar cómo me está yendo la aventura literaria, por lo que si leo bien, y si no también; si escribo bien, y si no también; y si publico bien, y si no también. Ya habrá tiempo, si regresan las ganas de lanzarme de nuevo al mercado literario (o más bien al circo romano, jajaja), de ponerme de nuevo las pilas: material tengo de sobra para poder publicar sin necesidad de seguir escribiendo, con depurarlo me basta…
Me duele más haber dejado atrás en esta odisea personas que consideraba amigos y que por un motivo u otro han desaparecido de mi entorno, pero qué se le va a hacer: es ley de vida, y hay que respetar tanto unas cosas como otras. Unos desaparecieron sin saber por qué, sin motivo aparente, y otros por motivos menos agradables. Insisto, es ley de vida. Normalmente procuro tener la puerta entornada, por si acaso resultara que pudiera haber alguna cuestión que aportara luz y arreglo, pero en algún que otro caso… Cerrada, blindada, con candado, tranca de acero templado…
Empecé hablando de riqueza, y a ello vuelvo para rematar estas líneas: me incluyo en el tercer grupo, tengo lo que quiero tener, así que…

 

 

20/2/18

 

UNA DE FICCIÓN

Me resisto a usar el término género fantástico: aunque en origen es algo genérico, que abarca un buen grupo de subgéneros, los lectores han acabado asimilándolo con la fantasía, con Tolkien y escritores análogos, cosa que hace que se refunda en una idea juvenil, por no decir casi infantil.
No, en este sentido, prefiero usar la palabra ficción: aquí sí que no hay género de dudas, abarca la fantasía, el terror, la ciencia ficción… Toda una literatura que en los últimos tiempos ha estado “aplastada” por otros géneros como el romántico, el erótico, el histórico, el negro… Tal y como no hace mucho reivindicaba un compañero, yo también pido que la ficción vuelva a tener su lugar en este mercado.
Cierto es que hay una explosión de autores no ya llenando huecos en el panorama español, sino incluso dándose de codazos unos a otros intentando posicionarse para conseguir un poco más de reconocimiento, de éxito… Entre tanto material, es evidente que no todo es de alta calidad a pesar de los gustos (recordemos que son dos términos distintos, y que se pueden dar cuatro casos muy diferenciados: me gusta aunque no tenga calidad, no me gusta aunque tenga calidad, me gusta y tiene calidad, ni me gusta ni tiene calidad), y ahí es donde, como ya hemos hablado más veces, entra la cuestión de qué debe o puede tirar para adelante y qué no.
En el caso de la ficción, parece evidente que no está viviendo un buen momento: parece que a la gente le gusta leer sobre la vida real, sobre amores y desamores, sobre vivencias, sobre hechos históricos más o menos novelados, sobre crímenes y detectives que los resuelvan… Qué se le va a hacer, no se puede luchar contra los elementos, esperemos que en algún momento la marea cambie y que los tiempos del pulp, por definirlo de alguna manera, regresen de nuevo y ocupen una época dorada que en su momento coparon autores como R. E. Howard, Lovecraft, Burroughs, C. A. Smith, Seabury Quinn, Henry Kuttner y tantos otros, obsequiándonos con joyas que están pendientes de redescubrir por mucha gente; de hecho, creo que puedo congratularme, aunque suene un poco presuntuoso, de haber conseguido que algunos compañeros se hayan aficionado a la obra del Maestro de Providence, el creador de los Mitos de Cthulhu, gracias a mis palabras de elogio sobre el escritor norteamericano.
Sí, hace falta redescubrir que existen otros mundos a los que huir cuando se está cansado de la vida real, que puedes luchar al lado de bárbaros, sentir el miedo más atroz ante lo desconocido, pilotar naves espaciales en grandes batallas estelares… La evasión es otra forma de encarar esta vida, una más divertida y también, podría decirse así, con más alicientes: en la fantasía se juega con valores como el honor, la amistad, la traición, el amor, la lealtad, cosas que hoy en día, en buena parte, han desaparecido o han transmutado en conceptos completamente distintos a lo que había hasta ahora; en ciencia ficción, además de disfrutar con otros mundos y de contemplar criaturas de lo más extravagante, se pueden aprender algunos conceptos de astronomía, de física, entremezclados con los inventos de cada autor, ofreciendo un corpus que puede ayudar al lector inquieto por esos temas a indagar más en los conceptos expuestos; el terror… Disparar la adrenalina, sentir cómo los pelos se te ponen de punta, escalofríos; en una palabra, mantener el estado de alerta, “activar” la capacidad del lector para responder a cualquier amenaza o estímulo externo de una manera adecuada.
Es evidente que los maestros no van a volver, que han sido sustituidos por otros tan dignos como ellos, que se merecen la oportunidad de ser leídos y disfrutados. Y a ello animo a los lectores, a que recuerden que la imaginación también es cultura, y también resulta un valor importante en el desarrollo mental y humano. Siéntense, por favor, relájense, y dejen que su espíritu vuele por regiones libres, no soñadas, en las que encontrarán cosas que no verán en la vida real…

 

10/1/18

 

ARCILLA

Arcilla… Eso es lo que somos, desde que nacemos hasta que morimos. Arcilla que se va moldeando a todos los niveles, que jamás torna sólida a pesar del tiempo transcurrido, y que va cambiando de imagen, de forma, de aspecto, a medida que vamos evolucionando.
Arcilla en manos de los lectores, que deciden qué quieren leer en cada momento. Y triste resulta que, por el afán de ser leídos, aceptemos el imperio del capricho y cedamos a lo que decidan otros, “prostituyéndonos”, dejando de lado nuestra manera de escribir para intentar llegar a quienes habitualmente no leen lo que nos gusta relatar…
Arcilla en manos de los “expertos”, que te cuentan cómo has de escribir para ser el mejor, para ser un best seller, y descubrir que, para nuestra sorpresa, cada uno de esos personajes cuenta una cosa similar, pero no igual, con lo que te vas adaptando a una especie de engendro que no acaba de cuajar, ya que no se pueden seguir todos los consejos a la vez: por propia experiencia, he comprobado, por ejemplo, que en el tema de las descripciones cada cual recomienda una cosa; o en el tema de los guiones de diálogo a pesar de haber unas reglas estipuladas, e incluso en la cuestiones de las formas adverbiales (-mente): presenté a corregir un relato lleno de formas adverbiales, y me quitaron un mente porque no estaba en la RAE, me dejaron casi todos los demás, y me cambiaron la palabra oyente por escuchante, que NO está en la RAE. ¿En qué quedamos?
Arcilla en manos de los editores. Hacen lo que quieren con nosotros, deciden qué y cuándo, y sobre todo, cómo se publica. Por muy grandes que sean, ¿cómo pueden decidir a la hora de corregir cargarse párrafos enteros o reformarlos a su gusto y antojo? Al final, ¿de quién es la novela? ¿Del autor, o del editor?
Al final, ¿qué es lo que queda de cada uno de nosotros? ¿Qué queda de esa recomendación tan maravillosa con que nos llenamos la boca, diciendo que el novelista ha de escribir para sí mismo y sentirse satisfecho con lo que escribe? Me resisto a cambiar ese pensamiento, prefiero escribir lo que me gusta y vender poco o nada, dejarlo en el cajón para tiempos mejores, a convertirme en mercenario de modas y caprichos, a andar cambiando de tercio cada vez que al lector le da por mutar en sus gustos. Y si se tercia, colgar el teclado…
Hay quien piensa que no se deja modelar por los demás, pero me temo que se encuentra en un craso error: el mero hecho de resistirse a ese moldeado ya está generando en la persona una modificación, un cambio, por pequeño que sea, en su actitud; apenas suele ser visible, pero está ahí, siempre está ahí…
Aunque pueda sonar a lo contrario, no estoy en contra de adaptarnos, de mejorar, de depurar, de ir hacia adelante… Mientras sea para mejor todo es bienvenido, pero no debemos dejarnos manipular por intereses espurios, por opiniones o comentarios que sólo busquen retrasarnos en nuestra evolución, que de eso, como de todo, hay en la Viña del Señor. No, de la arcilla han de salir objetos bellos, completos, perfectos, no piezas deformes que sólo sirven para ser fundidas y remodeladas de nuevo si ello es posible.
Somos arcilla, arcilla en manos de la familia, de los amigos, de los compañeros… De cualquier entorno en el que nos movamos, y eso nos va marcando hasta convertirnos en lo que somos y seremos. En el fondo, nuestro legado lo construimos nosotros, con la ayuda inestimable de quienes nos rodean y, al mismo tiempo, el estorbo de otros…

Libro de visitas

Introduce el código.
* Campos obligatorios
Todavía no hay comentarios.

COMPONENTES DEL CATÁLOGO:

 

Isabel Albella

Daniel Velarde

Elisabeth Deveraux

Andrés Pinar

Rubén Hernández

Gemma Herrero

Víctor M. Sanjurjo

M. A. Álvarez

J. D. Martín

Ricardo García Aranda

Ana Arrazola

J.Fersán

Mónica Molner

Greg A. Oslo

José F. Sastre

J.E.M. Celeste

Fran Pahino

Fernando Cotta

Pierre Monteagudo

Leticia Meroño

Ager Aguirre

Adolfo Pascual

Gudea de Lagash

Tony Jiménez

Rubén de Íscar

Tamara López

Juanma de los Santos

Pedro Saugar

María José Rodríguez

Salva R. Moya

Toni Delgado

 

 ENTREVISTAS

ILUSTRES

VENIDERAS:

EVA ISANTA

Aztriz

JORGE ALBI

Periodista, experto musical

NAYANESH AYMAN

Luchador de K1

RAQUEL MARTOS

Periodista y escritora

SANTI RODRIGUEZ

Actor y monologuista

PEDRO GARDNER

Actor y escritor

NACHO ABAD

Periodista y escritor

JAVIER OJEDA

Vocalista de Danza Invisible

PEDRO ARAQUE

Periodista

ANTONIO DELGADO

Colaborador de radio

MUCHOS MÁS...

 

ENTREVISTAS YA REALIZADAS:

 

Sara Solomando

Curra Fernández

Michael Sánchez

Fernando Navarro

Anna Cruz

Gaspar Fernández

Javier Gómez Santander

Inma Chacón

Keko Iglesias

Juan Luis Cano

Raquel Sastre

Luis Alfonso Gámez

Defreds

Mary Ruiz

Javi Medina

Bricio Segovia

Salva R. Moya

Agustín Martínez

José F. Sastre

Dra Mónica Molner

Marta Fernández

Ana Arrazola

Espido Freire

Ager Aguirre

Javier Penedo

J.E.M. Celeste

Teo Cardalda

Fernando Cotta

Luis Anguita Juega

Adolfo Pascual

Saleta Castro

Tony Jiménez

Juanma de los Santos

Gudea de Lagash

Daniel Velarde

Pierre Monteagudo

Toni Delgado

Versión para imprimirVersión para imprimir | Mapa del sitio
© www.sabesleer.com